Reconocimiento

Es necesario tener un lugar adonde ir. Mi lugar es para ser habitado. Escucho estas palabras, las recuerdo, y sé que es donde estoy: este es mi lugar. Puedo ser feliz, quiero ser feliz, lo merezco. Esto implica en actuar en la dirección de disfrutar la vida, tener placer en el vivir. Aceptarme como soy, sabiendo que no soy perfecto, pero que puedo mejorar.

Me reconozco en las historias de vida de personas que conozco en las ruedas de Terapia Comunitaria Integrativa, así como también me reconozco en las investigaciones sobre la TCI. Se disuelve la separación entre conocer y ser, entre vivir y pensar, actuar. Una vieja sensación infantil de paz y alegría me invade.

Han pasado muchos años desde el comienzo, pero sin embargo hay momentos en que parece que no pasó ningún tiempo. Estoy otra vez en el patio de casa, el piso ajedrezado, los malvones, mis hermanos y yo, jugando. Seguridad.

Las flores me recuerdan la eternidad. Las veo cuando miro adentro mío y a mi alrededor. Puedo buscar la alegría, y lo hago. Busco lo que me hace bien, la compañía de amigos, las comprensiones que me abren a un mundo más integrado, la oración que me asienta en lo perenne, el arte que me repone una sensación de unidad.

La fe simple que alimento en mi andar por ahí, en medio de gente que como yo, va siguiendo su camino. Trato de ver las diferencias con las demás personas, como datos de la realidad, posibilidades de crecimiento. El sol ya va bajando hacia el horizonte, y los pájaros anuncian la llegada de la noche. Será noche afuera, pero aquí dentro, en mi corazón, siempre brilla el sol.

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