Recomienzo

El sueño se ha ido a dar una vuelta por ahí. Vienen muchas memorias.

La vida que viví, desde el comienzo hasta este momento. Esto es ya decir mucho. Muchos hechos, acontecimientos, situaciones. Personas, lugares, aprendizaje. En particular, cómo es que he ido aprendiendo a reconciliarme con características de mi forma de ser, que ahora empiezo a ver como ventajosas.

Cosas que me hacían sufrir porque las rechazaba, como mi indecisión e inseguridad, mis miedos e incertezas, ahora como que ya se han ido haciendo amigas. O he ido viendo cómo de allí, de esas grietas o vulnerabilidades, viene una fuerza interior enorme, que me ayuda a vivir y a ponerme en movimiento.

Ya no necesito pensar que yo debería ser una especie de modelo de perfección, alguien que no tiene conflictos ni defectos. Nada de eso. Más bien al contrario, todo lo que antes creía que eran fallas mías que yo debería eliminar, hoy son mis aliados.

Cuanto más miedos e inseguridades, más como que se aumenta mi río interior, una sensación de falta de piso, sinsentido y abandono, que me fuerzan a ponerme en acción para enraizarme, presentificarme, juntarme, unirme de nuevo, ser uno otra vez.

Todas estas sensaciones tienen origen en mi historia de vida, en situaciones que fui pasando a lo largo de mi existencia. Hoy puedo decir que sin duda, agradezco todo lo que tuve que pasar, porque me fue habilitando para una vida más integrada y unificada.

Ya no vivo en una especie de fuga constante de la realidad, como era antes, que creía que debería ser otra persona, ser de otro modo, ser quien yo no era ni podría nunca ser, sino más bien que habito este ser que soy. Lo amo, me amo, en mi fragilidad, que me hace llorar frente a una flor o un pájaro que vuela frente a mí, o frente a esta misma condición de hipersensibilidad que antiguamente interpretaba como una falla o un defecto que debería eliminar o superar.

Ese llanto, esa emoción profunda, ahora comprendo que no es solamente oriunda de una sensación de inadaptación o inadecuación, sino más bien al contrario, es la reacción de mi ser profundo a la maravilla de la existencia. Es mi lado poético, que me entrelaza con todo lo que voy viendo y viviendo.

Puedo confiar más, como cuando era niño o joven. No necesito estar temiendo constantemente, ni pensando en la muerte. La muerte desaparece del escenario, y queda más bien esto que está aquí. Un instante fugaz que es eterno. Una condición original y primera que se parece mucho a un comenzar de nuevo. Es, en realidad, un nuevo nacimiento, que se procesa de instante en instante.

No es que viva siempre en un estado de felicidad o plenitud total, pero se parece mucho a eso. Todo mezclado. Un poco la inseguridad, el sinsentido, la sensación de inadecuación, inexistencia, ausencia y abandono, y la plenitud, la integración, el fluir integrado.

Es muy lindo. Es un juego, un cruce de palabras que van formando el tejido de la vida. Por eso me nutro de la poesía y la literatura, y me abro a la convivencia, como una especie de invitación a algo bueno que es continuo, eterno. Nunca sé muy bien qué va a ser. Pero es siempre bueno, inclusive cuando no sale como yo pensaba. La vida vuelve a su condición anterior, virginal.

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