Realmente

El día empieza a clarear. Llueve. Veo la silueta de un árbol, negra, contra el cielo nublado. Recuerdo algunas palabras de Adalberto Barreto, pronunciadas en el encuentro de formadores en Terapia Comunitaria Integrativa.  

Volcar nuestro conocimiento y experiencia, hacia nuestro propio bienestar. Aplicar lo que sabemos, para ser más felices. Amar más. Confiar más. Centrar la vida en el placer, en el disfrutar, y no tanto en el deber. Este cambio de eje me pone en dirección a mí mismo. Ya no soy más un ejecutor de tareas autoimpuestas o inculcadas por alguna programación social, sino más bien alguien que trata de priorizarse.

Todo mi ser se reorganiza hacia una vida más plena. He vuelto a ver mi rostro, dentro de mí. Veo que he pasado buena parte de mi vida defendiéndome de los demás. Tratando de esquivarme de amenazas que veía en la presencia de las otras personas. Ahora trato más bien de ver a los demás como necesarios.

No necesito vivir cediendo a lo que creo que debo hacer para agradar. Ni tampoco necesito vivir enfrentando a los demás como si yo debiera protegerme de algún ataque u ofensa. La vida puede ser más interactiva y colaborativa. Esto exige de mi parte actitudes atentas y flexibles. Ser capaz de ir viendo en cada momento, qué hacer, cómo hacerlo y por qué.

En la medida que voy escribiendo, me voy sintiendo mejor. Siento más realidad en mi estar aquí. Las palabras son el piso que me sostiene y por donde ando. Son el mundo en que vivo. No tengo apuro en terminar este texto, ni tampoco creo que se deba extender indefinidamente.

En realidad, me sucede de ver que mi vida es una intersección de palabras que están alrededor y adentro mío. Son textos que fui incorporando a lo largo del existir. Cuando escribo y cuando voy viviendo, las palabras de ese texto omnipresente me anidan, me alimentan, me dan fuerza y me sostienen.

Entonces me tranquilizo. Veo que todo está bien. Todo siempre está, estuvo y estará siempre bien. Mi vida es parte de una vida ilimitada que me incluye. Esto es algo concreto. Lo sé, en la medida en que voy viendo que las palabras que escucho, lo que hago y lo que siento, lo que voy percibiendo, el camino por donde voy, son la textura misma del universo. Son la composición mínima y esencial de que todo está hecho. ¡Buen día!

 

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