Razones para luchar

Todo está tan lejos. Algunas veces una hojeada a ciertos sitios de oposición al sistema, o “alternativos”, si es que la palabra aún quiere decir alguna cosa, me dejan una impresión de impotencia. Todo está mal, todo debe cambiar.

No hay duda de que muchas cosas están mal, son intrínsecamente malas en el capitalismo. Pero solo podrá cambiar alguna cosa, si yo cambio, si vos cambiás, si todos cambiamos. Y cambiar en qué sentido: hacerse responsables, actuar según nuevas formas de ver el mundo, de sentir, de comprometerse con la realidad.

Yo sé que me evado de este mundo que muchas veces es aterrorizante, y sé también que es necesario huir hacia otros espacios, para poder sobrevivir. Pero esta fuga es una retirada necesaria, imprescindible para poder estar aquí, ahora, en esta realidad que nos toca vivir, más plenos, más enteros, más dispuestos a encarar el desafío de la existencia.

Yo no escribo para darle lecciones a nadie. Lo hago por una necesidad mía, interior, de actuar, de decir a qué vine. Puede verse un hilo conductor o varios, en mis escritos. Son intentos de traerme de vuelta, y siento que estoy cada vez más aquí.

Y este traerme de vuelta, que es progresivo, me va mostrando que hay posibilidades. Que se puede. Que hay espacios por los cuales es necesario irse metiendo para ir respirando mejor un aire nuevo, un clima de esperanza. Otra de las motivaciones principales que me trae al papel, es la de estar presente, que se conecta con lo anterior. Si estoy aquí, estoy presente.

Pero hay un matiz: estar presente es estar en la totalidad, es vivir intensamente. El presente, la realidad, es todo lo que tenemos, como seres humanos. La vida se da aquí, es un juego que se desarrolla en este instante, en este mismo minuto en que escribo y me leés. Yo tengo más preguntas que respuestas sobre la existencia.

No deja de sorprenderme cada día, y muchas veces durante el día, estar vivo, estar respirando, estar cada vez más consciente de que no hay mucho tiempo. Y si soy capaz de estar aquí con todo, plenamente, la vida me llena de sus calladas respuestas. Esas que en un día de lluvia, te dicen que son muy lindos los reflejos de las luces de los autos en el asfalto mojado.

Creo que pertenecí a una generación que se dio mucho en las luchas por la justicia, por más fraternidad, por más amor en el mundo, en las relaciones humanas. Estas banderas, si las puedo llamar así, o estas razones para vivir, nos empujan constantemente a proseguir en una tarea colectiva que nos fue moldeando y lo sigue haciendo.

La humanidad es una continuidad, es una construcción infinita. Cada persona tiene su lugar en esa tarea sagrada, si me permiten la expresión. Y cuanto más uno se entrega a este hacer colectivo, más va renaciendo, renovado o renovada.

Es una alquimia transformadora, en la cual somos permanentemente traídos de vuelta al aqui y ahora, un aquí y ahora que está cada vez más lleno de luz, cada vez más enraizado en la trama de la existencia.

En este caminar, la literatura y la poesía, y también la oración y la devoción, así como la acción social, son caminos convergentes. Todo está tan lejos, empezaba este escrito. Empieza. Pero ya está más cerca. Ya estamos más cerca.

El sistema juega a sacarte tu lugar, a que no seas, a que no seamos nada, o a que seamos marionetas reactivas. Pero el juego de ser, el juego contrario, es libertador y es tan necesario como posible.