Puedo ser

tciYo creo que hay un momento en el que uno debe ser capaz de decir las cosas. Sin pensar que uno pueda ser el dueño de la verdad, pero tampoco sin arrinconarse en la postura de quien está con miedo de ser castigado por algo, como si hubiera hecho algo malo.

A medida que el tiempo va pasando, en la medida en que vamos ocupando nuestro propio lugar, el lugar que nos pertenece de verdad, y este lugar somos nosotros mismos, vamos sintiendo una sensación de paz.

Esto no es gratuito. Muchas veces hay que haber peleado bastante para poder finalmente decir: aquí estoy yo. Y saber que ese yo es una construcción comunitaria, es una suma de esfuerzos de familiares, de amigos, de colegas, compañeros, gente que nos quiere, y con los cuales nos hemos ido entretejiendo hasta llegar a poder decir: aquí estoy yo.

Esto soy yo. Yo soy este que está aquí, queriendo compartir cosas que ha ido aprendiendo. Compartir, sobre todo, la sensación de que se puede, que vale la pena.

Más allá y a pesar de los gobiernos y los partidos, los medios de comunicación y las organizaciones internacionales, más allá de las creencias y las ideologías, es posible. La vida es posible, y es siempre una construcción colectiva, comunitaria, personal y más que personal.

Estos días atrás, y hoy muy fuertemente, me he venido dando cuenta de esto. Que la Terapia Comunitaria Integrativa de Adalberto Barreto es una especie de lugar de re-encuentro de las personas consigo mismas. Es un lugar donde vos podés encontrar apoyo para ser la persona que sos.

No tenés que abdicar de nada para poder reconocerte como sos. La mente miente, dice Adalberto Barreto. Pero esto debés ser capaz de descubrirlo por vos mismo. Debés ser capaz de descubrir que la mente es un mayordomo que se hizo dueño del castillo, como dice Osho.

Podés descubrir que más allá de las culpas, de la auto-condenación que aprendiste a internalizar como una especie de castigo permanente contra tí mismo, está el permiso para vivir que sólo vos podés darte a vos mismo, comunitariamente, comunalmente, colectivamente.

Estos días en Mendoza, me ha venido muy fuertemente esta sensación. De que es posible vivir en ese estado de integración que es el objetivo, el resultado de la Terapia Comunitaria Integrativa. Un estado de bienestar y de paz, que brota del re-encuentro de uno consigo mismo.

Digo que estos descubrimientos no son gratuitos, porque todo lo humano es fruto del trabajo. Y muchas veces, sin darse cuenta ni buscarlo, uno hiere susceptibilidades. De personas que pueden tener más poder que uno, pero no por eso podrán bloquear el surgimiento de la verdad.

Estas personas podrán inclusive en algún momento cerrarnos este canal de comunicación, pero no podrán jamás impedir que las personas y las comunidades descubran por sí mismas el poder que tienen las personas y las comunidades. Más allá y a pesar de los gobiernos, de las ideologías, de los partidos, de las sectas e instituciones, sean cuales fueren.