Posiblemente

Se equivocó el poder judicial. Se equivocó la prensa golpista. Atizar el odio, legitimar la impunidad, la insanidad, no es bueno para nadie.

No es bueno ni para Brasil ni para una derecha que no se endereza. El revés es una derrota colectiva. La redención será colectiva también, día a día. Como ayer, y como antes de ayer. Un país es un tejido tenue. Es una construcción mínima, hecha de confianza, reciprocidad.

Destruir la vida social para ganar el poder, ya provocó el arrepentimiento de algunos de los cabecillas del PSDB, así como de algunos comunicadores sociales, que vieron las consecuencias de su siembra maléfica.

¿Seremos capaces de reconstruír lo que queda de humanidad aún? ¿Qué Brasil queremos? Ya no se trata de partidos o ideologías. Se trata de nada más ni nada menos que la propia posibilidad de que este país siga existiendo como nación civilizada.

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