¿Por qué escribo?

Escribo para atender a tres necesidades: presencia, unidad e identidad.

(1) Me hago presente cuando escribo. Esto me obliga a anotar de alguna manera, siempre que puedo, lo que voy viendo y viviendo.

(2) Me unifico, recupero la sensación de ser un ser entero y no pedazos o fragmentos. Aunque la unidad es precaria o fluctuante, se hace patente cuando escribo. Sé que hay rajaduras adentro mío. No sé si algún día dejarán de estar. Pero aún estas rajaduras adquieren sentido –y me siento tranquilo– cuando las veo en las hojas que escribo. Me voy reconociendo en ese ser que se junta al escribir.

(3) Recupero la sensación de ser yo mismo y no otra persona. Me desalieno. Además de estos motivos fundamentales también escribo para pasar el tiempo. Registro la belleza que veo alrededor. Recupero la noción de ser parte del mundo. Poetizando recupero la noción de la inmensidad que me es dado experimentar. No busco la perfección ni en el vivir ni en lo que escribo. Busco más bien internarme cada vez más en esta maravilla que es la existencia.

La dimensión imaginativa, nuestro lado más sensible y creativo, tiene que estar en nuestras manos. A nuestro servicio. Actualmente “consumimos” imágenes y sentimientos no sólo ajenos, sino también dañinos, sin darnos cuenta. Por poco que me adentre en lo poético, recupero de inmediato mi dimensión más esencial. Esto está a mi alcance si me permito amar, si miro adentro mío, si registro sin miedo –con ternura– cada pequeña cosa a mi alrededor. Entonces me eternizo y me enraízo.