Poéticamente

Es madrugada y el canto de los grillos arrulla.

No estamos de paso, o mejor: podemos no estar de paso.

Podemos estar presentes aquí y ahora, con atención plena.

Leo libros en que se describe el arte poética.

 

Del mismo modo como conocer la obra y la vida de Van Gogh me ayudó a adentrarme en el mundo del color y de la belleza, leer con la perspectiva de conocer mejor el arte poética, me viene dando una satisfacción y tranquilidad enormes.

 

No puedo dejar de agradecer a mis padres, que me introdujeron desde el comienzo en este espacio acogedor. Recuerdo a mi padre recitando el “Sí” de Rudyard Kipling, el “Avanti” de Almafuerte. En nuestra casa había reproducciones de cuadros de Van Gogh que me fascinaban. Almendros en flor, girasoles, cipreses.

La lectura, la escritura y la pintura me traen sensaciones de plenitud y paz. Existe un centro dentro de mí. Voy dejando de estar ausente y cada vez más estoy plenamente aquí.

Mediante un esfuerzo de atención conciente muy placentero, la rutina va dejando lugar para lo nuevo. Hay un solo tiempo, en realidad. Es el presente, que contiene todo lo que viví, lo que vivo, lo que imagino, lo que proyecto, lo que sueño.  

Dejo de vivir automáticamente, y me viene una sensación de alegría profunda.

No necesito estar siempre para afuera, puedo estar para mí, solamente para mí. Desde aquí, desde este yo recuperado, completo, entero e integrado, fluyo en el movimiento de la vida. Me dejo llevar, sin que esto signifique que no decida o no elija. Al contrario, elijo esto: ser yo mismo todo el tiempo.

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