Poesía y poética

poetryEl artista genuino, además de aprehender el mundo y acceder a su autoconocimiento, es capaz de registrar su peculiar manera de conocer y de ser. No es extraño pues que genere una poética. Tarea muy interesante es carear las poéticas de los creadores de nuestro tiempo con la idea del poetizar gestada por un filósofo al que muchos consideran como la voz de los tiempos oscuros: Martin Heidegger.

Ha sido Heidegger el filósofo del último siglo que reabre plenamente las puertas de la filosofía hacia el arte, reconociendo en él las prístinas intuiciones que dan materia al filosofar reflexivo. Con este reconocimiento se cierra un periplo, dramáticamente abierto desde que Sócrates instalara el ejercicio autónomo de la razón como herramienta del pensamiento humano. Lo señaló Friedrich Nietzsche en un final de siglo que tuvo alguna semejanza con el final del siglo XX.

Heidegger, continuando y profundizando el impulso romántico, y devolviéndole su significación plena, reclama esa palabra fundante de los presocráticos. El filósofo alemán hace una apelación a modos de conocimiento no puramente intelectuales como la percepción, la afectividad, la imaginación, la voluntad, que aparecen fundidos en la intuición creadora.

Heidegger nos enseña a visualizar el ser del hombre (Dasein) como un estar siendo que se proyecta por vía de la intencionalidad y la trascendentalidad. Su propio pensar es intuitivo y circular, y prefiere la expresión metafórica. Podemos notar hasta qué punto viene a recobrar los enunciados clásicos, cuando observamos que su concepto del arte se apoya en la teoría de la verdad como alétheia, es decir como revelación, y no como adecuación de términos del discurso. Este cambio de plano significa un acceso a otra forma de racionalidad.

Se hace presente en el pensamiento de Heidegger ese doble movimiento del Ser que se oculta o manifiesta, y el alma que reconoce, busca y crea no por imitación de las formas sino por imitación del impulso creador. Heidegger propone una vuelta al origen, una Kehre que acaso podría traducirse como conversión, pues no se trata de una vuelta al pasado sino al origen o fundamento, manteniendo esta noción al margen de los fundamentalismos agresivos.

El poetizar sería, para el filósofo, la actitud humana válida por excelencia, aquella que permitió a Hölderlin afirmar:

No por sus méritos, que son muchos, sino poéticamente habita el hombre en la tierra…

Por su parte María Zambrano, formada en la filosofía de Husserl pero más en Ortega, Zubiri y Massignon -cuando no en Machado, Emilio Prados y Lezama Lima- revive profundamente la filosofía del orfismo al dar definitivamente ese paso que va de un filosofar al modo occidental a un filosofar contemplativo y poético. En su obra no podían faltar las figuras míticas de la iniciación helénica: Ariadna, Diótima, Orfeo. Su Antígona, obra no incluible en una nómina de textos filosóficos canónicos, revela la hondura con que la pensadora malagueña se hace cargo del mito recogido en la tragedia homónima de Sófocles. María Zambrano vuelve a relacionar la filosofía existencial con el pensamiento de Plotino, San Agustín, Clemente de Alejandría, Orígenes, San Juan de la Cruz, Dante, Miguel de Molinos y Santa Teresa. Enlaza a los avances de la fenomenología con la vasta familia de los filósofos órficos, los poetas y los místicos.

Recordaré, con la autora española, el aspecto mediador de Orfeo entre los infiernos o mundos inferiores y los superiores.”No creo que se pueda ascender sin dejar algo abajo”, dice en uno de sus escritos autobiográficos. Y ello es también aplicable a los tiempos de crisis espiritual que vivimos. Podemos verlos como etapa terminal sin redención, o bien como paso por tramos difíciles y necesarios. Y es en esa oscuridad o vado por zonas infernales donde Orfeo -es decir el arte, la poesía- se afirma como el espíritu triunfante sobre la disolución y la muerte.

Extraído del libro La poesía, un pensamiento auroral, a ser publicado por la editorial Alción, de Córdoba, Argentina.