Permanencia

El sol se va yendo detrás del horizonte, y me pregunto adónde irán las horas que vivimos hoy. Los ecos de las voces de mis hijos e hijas. Las voces familiares que me llenan por dentro.

En este momento estas palabras y estas letras, forman una escalera que me lleva de vuelta a Mendoza. Llego al lugar de donde nunca me fui. No podría irme de Mendoza. Voy y vuelvo y sigo aquí.

Desde este lugar donde está todo lo que existe y lo que soy, dejo que las palabras me acunen y me digan cosas. ¡Los días han venido pasando desde hace ya tanto tiempo! Es increíbe como el tiempo pasa y no pasa. Pasa y se queda.

Veo como la vida ha ido pasando como un río indetenible. Queda este presente precioso. Nada es tan valioso como este instante, este segundo que me es dado vivir. El sol ya se ha ido.

La luna en el cielo viene a hacerme sentir su presencia, en medio del canto de los grillos.

Y me vienen unas ganas de decir que más allá de todos los golpes de Estado, más allá de las democracias formales atadas de pies y manos al servicio de la explotación y la alienación de la persona humana, más allá del consumismo y de las ideologías que nos alejan y nos extrañan de nosotros mismos y de la tierra, que nos separan y nos oponen unos a los otros, en una insensatez suicida, más allá de todo eso, y también más acá de todo eso, está aquello que no muere.

La eternidad a mi alcance. Un mundo inmemorial de afecto y ternura. Una justicia que puedo practicar en mí mismo y con las personas a mi alrededor.

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