Orgullo de ser argentino

No puedo dejar de decir que siento otra vez orgullo de ser argentino. Es importante que un país, que un pueblo, que la ciudadanía del país de donde uno es o de donde uno vino, donde nació, se den cuenta de que no pueden ser rehenes de los caprichos de nadie. Una cosa es un país, otra un rejuntado, dice un poema de Affonso Romano de Sant´Anna, que leí en un libro que me regaló un exilado argentino en Rio de Janeiro, en 1980.

Ser argentino en aquella época, ser argentino en Brasil, era casi seguro ser un exilado, un exilado de varias formas. Salido de la patria, y salido de sí mismo, extrañado de sí mismo. Una especie de no ser. Uno era una especie de no ser. ¿Y por qué digo que uno era una especie de no ser? Porque nada era familiar, todo era extraño, y uno era también un extraño para sí mismo. No tenía un lugar dentro ni fuera.

Es decir, tenía, iba empezando a tener un lugar afuera, y de a poco esto iba haciendo que fueras teniendo de a poco, un lugar dentro de vos mismo. Ser argentino en aquella época era estar cargando con una especie de culpa y una verguenza. Uno venía de un país que era símbolo de muerte, secuestro, desaparición de personas. Encontraba aqui en Brasil lo contrario: el acogimiento de mucha gente solidaria, gente que tenía simpatía por las personas que iban llegando, que te ayudaban a conseguir trabajo, a obtener documentos.

Gente que hacía chistes, que te hacía reír, que llevaban la vida con alegría. De a poco uno fue viniendo, uno fue volvendo a ser quien era. Esto, en mi caso, sólo se está completando en estos últimos años. Estoy volvendo a ser quien era. La persona que fui está volviendo, de a poco, o plenamente. Cada vez más quien está aqui soy yo mismo.

Todo esto es para decir que, después de tantos años de haberme exilado en Brasil, de haberme exilado de mí mismo, en este año de 2012, estoy teniendo la alegría de volver a ser quien soy.
Y esta sensación de una alegría primera, como que infantil, muy pura, tiene que ver con varias cosas. Una de ellas, sin duda, el despertar de la cidadania argentina de la narcosis peronista que la mantuvo anestesiada y ciega durante tantos años, antes y después de la dictadura atroz que asoló a la Argentina entre 1976 y 1983.

Poder enfrentar a un gobierno peronista (kirchnerista, hoy), poder decirle a una presidente peronista, poder decirle a Cristina Kirchner: no te tenemos miedo, no queremos que se reforme la Constitucion Nacional para permitir una re-reelección, es una señal extremamente positiva.

La ciudadanía argentina empieza a recuperarse, empieza a perder el miedo, empieza a perder la verguenza de asumir que no todo argentino debe ser peronista, que un argentino o una argentina, pueden ser del modo como les de la gana. Uno no necesita asumir identidades impuestas. Uno puede y debe ser lo que le dicta su ser más íntimo.

Y hoy los argentinos y las argentinas están pudiendo decir no sólo que no son peronistas, sino que son contrarios y contrarias a un gobierno peronista. Esta es, repito, una buena señal, una muy buena señal. Había un complejo de que si no eras peronista, eras gorila, una expresión que quiere decir algo así como ser antipopular, contrario al pueblo y sus intereses, oligarca.

Pero no hay nada más oligárquico que el gobierno de Cristina Kirchner, que tiene casi la suma del poder público. Es una dictadura disfrazada. Controlan el poder ejecutivo, el legistativo en su casi totalidad, y el poder judicial. Controlan los medios de comunicación casi por completo. Controlan el movimento sindical también en su casi totalidad.

Y llegaron hasta a controlar casi por completo la conducta de las personas, imponiendo la obligatoriedad de que las compras en supermercado más allá de un límite determinado por el gobierno, deberían ser declaradas a la autoridad. Entonces la gente se cansó, se cansaron de tanto abuso, se cansaron de tanta prepotencia, de tanta impunidad, de tanta soberbia.

Que el gobierno de los Kirchner haya hecho algunas cosas buenas en favor de la ciudadanía, no le da derecho a querer, en cambio de esas reales o supuestas buenas obras, tomar la vida de las personas en sus manos. Es un precio impagable. La gente en Argentina ha dicho que no. Prefieren la libertad, prefieren el derecho de decidir por sí mismos.

Rolando, boa noite

Desculpe se estou sendo impertinente ou invadindo a sua privacidade, mas a referência ao seu período de exílio muito me interessa, visto que pesquiso a trajetória dos exilados argentinos no Rio de Janeiro entre 1976-1983. SERIA POSSÍVEL CONVERSAR MAIS COM VOCÊ?
Att,

Walter Aló

Deixe uma resposta

O seu endereço de e-mail não será publicado. Campos obrigatórios são marcados com *