No otra vez

No dejemos que la dictadura y su mundo de violencia, mentiras, arbitrariedades e injusticias, puedan robarnos la esperanza, la alegría de vivir, el placer de disfrutar los días que nos toque por vivir.

Hay algo que no puede ser destruído por los regímenes de fuerza, como el que se instaló ahora en Brasil. Hay un espacio que no puede ni debe ser jamás invadido por nada ni por nadie, bajo ninguna circunstancia.

Ahora vivo escuchando el sonido de los pájaros y los grillos. Recuerdo a mis padres y la educación familiar donde fui moldeado.

No me voy a apartar del ser que soy, ni caer otra vez en la ilusión del canto de sirena de salvadores/as de la patria ni del pueblo.

El pueblo se salva a sí mismo, si es que descubre y se hace dueño de sus valores y de la fuerza que brota de su propia historia y de sus recursos culturales.

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