Movimiento

marEscribirías algunas palabras en la hoja. Como tantas otras veces, no tanto por tener algo que decir, sino más bien al contrario, para dejar que algo venga, que algo llegue a tí. Algo se organiza por este acto tan simple y repetido. El mundo empieza a organizarse a medida que vas viendo las letras ir formando como trencitos que se desparraman y corren por el renglón.

Contarías sobre la llegada a Mendoza ayer por la tarde. La lluvia en Buenos Aires y las sacudidas del avión antes de aterrizar en Aeroparque. Caminabas por el aeropuerto de Guarulhos la tarde de ayer. Y ahora en Mendoza, la hermosa. Mendoza de calor y montañas. Algo en nosotros se detiene frente a la fragilidad de la vida. Cuando se nos hace claro que no duraremos para siempre.

Somos como llamas que se van consumiendo, o un fuego que de a poco va dejando de brillar, o quien sabe empezando a brillar desde otro lado, de otro modo. “La luna es un espejo blanco por detrás de las nubes que pasan.” Veías la luna quieta, redonda y blanca, y las nubes pasando por delante de ella. Ahora ya algo empezó a aquietarse em tí. Vas ocupando tu lugar.

A veces ves que la vida, la gente, el mundo, todo lo que ocurre, es como una tela en movimiento. Como una superficie en la que todo está en su lugar. Y vos como todo lo demás, en tu lugar también. Esto no es un pensamiento, es una sensación visual. Otras veces te dejas bajar hasta la estrutura del universo, son como cubitos de los cules están hechas todas las cosas. Y descansas.

No siempre lo haces, tienes tus momentos de no estar en esa integración. Entonces sufres, como se sufre fuera del nido. Pero todo va y todo vuelve, como olas del mar. Buscas un punto fijo, dentro de tí mismo, en este vai-ven. Tratas de juntar la vida aquí, que tu punto fijo sea esta hoja que pronto volará hacia otros ojos, en un viaje sin rumbo fijo.