Mínimamente

No escribo para multitudes. Mis escritos tienen el tono de quien está en busca de sí mismo. Esto es lo que me mueve.

Estos años sobre todo desde 2013, intenté actuar en una especie de lucha insana para tratar de preservar la democracia en Brasil.

Me doy cuenta de que hay una rigidez estructural en el sistema, que solamente pudo ser rota durante los gobiernos de Lula y Dilma.

Lo que se vino desde el golpe de 2016, y se exacerbó a partir de la asunción del actual gobierno, aconseja un cambio de marcha.

Volver a los espacios mínimos, y seguir con el tono que le da sentido a mi vida. No tengo tiempo de tratar de revertir una situación que depende de intereses y poderes mucho más allá de mi esfera de alcance.

No creo que las multitudes estén siendo llevadas a una acción conciente que pueda restablecer el espacio público como algo sano y santo, respetable y preservado.

Más vale al contrario, cada vez más veo que nos tratan de llevar a una inconciencia y a una deshabitación de nuestro ser interno, que es simplemente diabólica.

A las personas que me leen las invito a que vuelvan la mirada a su interior, a su historia de vida, a sus valores supremos. Esa es una fortaleza inexpugnable.

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