Mínimamente

¿Quién ya se encontró en una situación en la que podía solamente hacer algo muy pequeño, casi insignificante?

Esta mañana me hice esta pregunta. Vinieron de imediato, respuestas varias. Esta pregunta hace que valorice justamente aquello que es muy poco, apenas perceptible, pero de enorme importancia.

Para empezar, el estar aquí, el mero y simple estar respirando, vivo, aparece como algo fundamental. Este estar aquí, independentemente de que yo haga o no alguna cosa, me llama la atención poderosamente.

Puedo estar más conmigo, ser más yo, si me permito valorizar este hecho fundamental. De este primer paso, depende mucho como va a ser el día, como va a seguir la vida.

La presión dominante es para que yo haga muchas cosas, todas importantes, importantísimas, en verdad. Transcendentales, de preferencia.

Pero sin embargo, no importa qué es lo que yo pueda o no hacer, estar aquí, estar conmigo, estar vivo, respirando, atento y conciente, es más importante que cualquier otra cosa.

Cuando consigo estar de esta manera mínima, relajada y atenta, es como si el tiempo se detuviera. La eternidad es aquí. Depende de mí si entro o la dejo pasar. Si estoy presente, cada pequeña cosa es muy significativa.

Es como que lo más pequeño me abre las puertas del infinito. Vuelvo a un estado infantil, en el que puedo jugar, y juego, y todo es importante. Este sol que me acompaña, es un juego de colores. No es un cuadro ni una obra de arte.

Es un dejarme ir a un mundo acogedor donde no estoy compitiendo con nadie, ni tratando de demostrar nada, ni intentando ser más que otras personas. Son colores que me da placer ver. Eso es todo.