Merodeos literarios

cortázarDesde hace ya varios días, vengo rondando algunos de mis libros. Como una abeja que no se decide en qué flor va a bajar. Graciliano Ramos (Alexandre e outros heróis) es quien vence esta dispersión o dificultad de concentración. Sus historias del sertão consiguen atraparme algunas noches y me dan un descanso entretenido e ingenioso. El Diario de Andrés Fava, de Julio Cortázar, consigue el mismo efecto, de otro modo. Raramente consigo leer un texto de Cortázar demasiado largo.

Es de una densidad muy grande. Hay algunas frases suyas que tienen la virtud de detenerme por completo. Días atrás, estuve acechando los libros en los estantes de la biblioteca de la sala. Es una operación que se repite con cierta regularidad. En estas pasadas de vista, cada libro, cada autor o autora, me traen reminiscencias de quién me los hizo conocer, cuándo, en qué circunstancias. Esta mañana, y también ahora al comienzo de esta tarde calurosa nordestina paraibana, me entretuve leyendo el primer capítulo de un libro de Cortázar, Clases de Literatura, en el que habla sobre el tiempo.

Escuchar Cortázar sobre el tiempo es algo muy interesante. Leí también un capítulo de un libro de Cronin, O jovem trovador. La lectura de los libros de Cronin acostumbra llevarme a un espacio muy singular.  Es una suerte de lugar atemporal, que se me figura sea el terreno de lo poético-literario en sí mismo. Me olvido de todo, de cualquier problema o dificultad, pequeña o grande, que pueda tener. Funciona como un elixir de la juventud.