Luces y sombras en África

Comenzamos el año con un mensaje de optimismo, porque, si bien no podemos anunciar el fin de los conflictos, los abusos de derechos humanos, el hambre o la destrucción en África, nunca falta la voz de personas fuertes y luchadoras por la paz. Hace años, en Liberia terminó una guerra civil cruenta que parecía no acabar nunca, gracias a la voz de la Premio Nobel de la Paz Leymah Gwobee, que se alzó para reunir a mujeres cristianas y musulmanas que consiguieron que se firmaran los acuerdos de paz. Actualmente, Mali se encuentra dividido en dos porque el movimiento tuareg, junto con varios grupos islamistas radicales que han implantado la sharia, han ocupado el territorio norte del país.

El 20 de diciembre, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una resolución autorizando el despliegue de una fuerza internacional para “restablecer la integridad territorial” del país. Mientras se estaban llevando a cabo conversaciones de acercamiento con los rebeldes, Francia decidió atacar y comenzar una guerra “de liberación”.

Además del interés histórico que Francia tiene en el centro de África, no olvidemos que en Mali algunas multinacionales occidentales están explotando importantes minas de oro. Las mujeres de Mali, firmaron un manifiesto contra esta guerra que va a significar más sufrimiento, más muerte y seguramente un conflicto tan interminable como los de Afganistán e Irak. Hacen un llamamiento al espíritu “badenya” como alternativa a la guerra, una palabra que significa “hijos de la madre” e incluye los valores positivos y femeninos, ya que la mujer ve en el soldado, en el rebelde y en el enemigo a un hermano, un hijo, un familiar.

Este término recuerda el concepto “Ubuntu”, “no soy sin los otros”, que siempre ha marcado la diferencia en África para buscar la paz y la reconciliación cuando hay conflictos dentro o fuera de la comunidad, confiando en el diálogo, en la sabiduría de los mayores y la restitución. Asimismo, las mujeres del este de la República Democrática del Congo llevan sufriendo la violación como arma de guerra más de 16 años, pero siguen buscando la paz sin ánimo de venganza.

Este año que comienza hablemos en positivo, y, aunque denunciemos las violaciones, la maldición de los recursos, el acaparamiento de tierras y océanos, las guerras y el olvido mediático de África, también nos alegramos porque la economía del África sub-sahariana creció un 5% en 2012 y se prevé que crezca un 5,7% en el 2013.

Esto no significa que la pobreza del pueblo africano vaya a desaparecer de manera inminente, porque las desigualdades son enormes, pero sí que es cierto que un crecimiento continuado puede reducir la pobreza si se apuesta por la educación, la salud, la estabilidad política y la justicia social. Para ello, la sociedad civil, los movimientos rurales, las organizaciones de derechos humanos y de las mujeres, se mueven, trabajan, luchan y colaboran para conseguir mejoras a pequeña escala en agricultura de subsistencia, pequeños negocios que salen adelante con microcréditos, etc.

Nos alegramos porque en más de 20 países africanos se han celebrado elecciones en el 2012 y, sin ser brillante, la democracia ha dado algún paso adelante en África, ya que algunas de estas elecciones han sido limpias y en varios casos, el poder ha pasado a manos de la oposición. Nos alegramos también porque la moda, la literatura, la música, el cine y el arte africanos están adquiriendo cada vez más peso dentro y fuera del continente.

Nos alegramos con las mujeres de África, que cada vez tienen mayor capacidad para los negocios, para la educación (la proporción de mujeres universitarias es cada vez más elevada) y cada vez son más visibles en la política y la vida civil. Pero sobre todo nos alegramos de que, por fin, la ONU haya prohibido la mutilación genital femenina a nivel mundial. Los avances son grandes, el año se presenta lleno de oportunidades para África.

Fuente: Redes Cristianas