Los pobres y la liberación

La historia de la humanidad es la historia de un conflicto permanente, una verdadera guerra entre algunos que consiguen acumular más poder dominando a los demás y las víctimas dominadas.

Los vencedores obligan a los vencidos a trabajar a su servicio cuando los precisan, o los abandonan sin recursos cuando no los precisan más. Los vencedores se apropian de todos los recursos que están en la tierra y en los mares. Los otros viven de aquellos que los poderosos quieren dejarles. Esta fue la visión marxista de la historia. Pero no era original, porque ya había sido señalado en la Biblia. La Biblia habla de los pobres y de los ricos. Los pobres son los vencidos en la guerra, y los ricos son los vencedores. La historia de América es una figura ejemplar de esa condición de la humanidad.

Vida y muerte

Una síntesis de esta historia se encuentra en el capítulo 8 del Evangelio de Juan. Jesús denuncia que sus interlocutores que son la elite de Israel, quieren matarlo porque son hijos del diablo que buscan matar. Hacen la voluntad de su padre. De hecho, ellos lo matarán. En la cruz Jesús está como representante de toda esa parte de la humanidad que es oprimida porque ha sido vencida. Jesús quiere la vida. Él resucitará y después de resucitado, llevará a los vencidos a la vida.

Puesto que Jesús también fue vencido y su derrota incluye todas las derrotas de los vencidos. Mas con su resurrección incluye en la resurrección a todos los que han muerto como Él. Vivirán en la tierra, pero como si fuera una vida aparente, porque es una sobrevida, una tentativa permanente para lograr no morir. Miles fueron muertos cruelmente por las armas o por la arrogancia de los vencedores. Es la historia de América que todavía continúa.

El mensaje de vida

El mensaje de Jesús es el anuncio de la victoria de los vencidos, es la victoria de la vida que vence a la muerte. En los Evangelios Jesús usa la expresión Reino de Dios. El reino de Dios es, de acuerdo con el lenguaje de los profetas, un Reino de justicia y de paz. Es lo contrario a los reinos que hubo, hay y habrá en la historia humano. En los tiempos de Jesús el Reino era o el Imperio Romano, un Imperio tremendamente crueles, que concentraba todas las riquezas del Imperio en la fortuna de algunos miles de millonarios. Estos residían en Roma y en las provincias, y oprimían a 50 millones de vencidos con un sistema de impuestos que los dejaba sin fuerza.
Jesús anuncia la ruina de ese Imperio y de todos los Imperios. Cada uno tienen su tiempo, pero acaban derrotados. Vendrá el Reino de Dios. Este no vendrá a conquistar por las armas, o por dinero. Vendrá para los pobres porque la fuerza de Dios estará con ellos. Jesús no explica cómo será. Pero la historia de sus discípulos demuestra poco a poco cómo entrará ese Reino de Dios en este mundo. En lugar del poder, reinarán las comunidades.

Todos estarán juntos e introducirán el Reino de Dios en este mundo. Que esa historia será trágica, lenta, y que exigirá tantos sacrificios, veinte siglos lo enseñan. Pero este Reino de Dios ya tiene sus manifestaciones en esta tierra. Sucede cada vez que los pobres consiguen derechos, por la fuerza de su unidad que desafía a los dominadores

El Evangelio entró en el Imperio Romano. Allí las traducciones griega y latina de la palabra aramea que significa reino, son palabras tan odiadas que los apóstoles no se atreven a usarla o a aplicarla a Dios. Es imposible que Dios reine, porque reinar es dominar, destruir, esclavizar. Tanto Pablo como Juan, hablan de la vida que viene a vencer a la muerte. Jesús vino a traer vida. Dios es vida. Jesús trajo la vida. El Espíritu nos da la vida prometida por Jesús.

La vida vendrá para los que no tienen poder, nada pueden imponer: no tienen armas, no tienen fuerza política. Así y todo van a conseguir vencer el poder de las armas, del dinero, de la política. Quien tiene poder sólo piensa en defender o aumentar ese poder. Quien tiene dinero, solamente piensa en conservar o aumentar su dinero. Quien tiene armas, solamente piensa en hacer más armas. No se preocupan por lo que pasa con los vencidos. No obstante, le temen a los pobres, nos catalogan como entes peligrosos. Inventan fuerzas de control, para impedir que los pobres se dejen someter. A pesar de todo esto, Jesús promete la vida a los pobres.

La libertad prometida a los pobres

Los pobres de quien Jesús hablaba eran los campesinos de su tierra que debían trabajar al servicio de grandes propietarios en sus tierras. Eran pescadores que muchas veces debían trabajar en barcos de otros que eran sus dueños. Debían pagar por ello una tasa insoportable. Todos ellos debían pagar los impuestos a Roma y al templo. Su vida era una vida dedicada a los que dominaban los medios de producción. No había otra alternativa.

Para ellos el Reino de Dios era liberarse de los que les robaban el trabajo de su vida entera. Era poder construir su propia vida, ellos mismos. Era poder trabajar pero para sí mismos y para su hijos. Algunos entendieron que Jesús les iba a dar ese tipo de liberación, por medio de un gran acto de violencia que destruiría toda clase de dominadores. Esperaban que Jesús hiciera lo que muchos en Israel entendían que sería la obra del Mesías. No aconteció de este modo. Hubo discípulos desanimados por la muerte de Jesús, porque no había sido el Mesías que ellos esperaban.

El camino de Jesús

El mismo Jesús entendía que su misión terrestre era el inicio y la señal de la liberación de los pobres y de todos los oprimidos, de todas las víctimas del reino de la violencia. Era preciso entenderlo, entender el sentido de la vida de Jesús. Entenderlo tardó mucho. Muchos se dejaron ilusionar por el hecho de que la liberación se haría en una segunda venida de Jesús, esa venida que Él mismo había prometido. Muchos esperaban que esa segunda venida llegara pronto. El propio San Pablo pensaba que muchos de sus contemporáneos y tal vez él mismo, no conocerían la muerte, porque Jesús vendría antes. Pero él no llegó tal como se lo esperaba. Entonces se hizo necesario entender de otra manera lo que Él realmente había dicho, lo que realmente había enseñado y que no habían logrado entender.

Jesús había prometido que volvería después de su resurrección y después de su ascensión. Volvería para vivir con sus discípulos, para acompañarlos. Pero era necesario descubrir de qué manera Él iba a estar presente y que era lo pretendía hacer. Aún hoy muchos cristianos no lo saben. Todavía no entendieron. Creen que debemos entender la historia en el sentido de que Jesús prometió esa libertad a los pobres para después del fin de este mundo y del juicio final. Los pobres deberían tener que salvar primero su alma para poder entrar en el reino de justicia y de paz. Con esas condiciones los pobres no tendrían ningún privilegio, porque salvar el alma es una operación factible para todos gracias a los medios que la religión colocaba a su disposición.

La liberación no se realizaría en este mundo, sino en el otro. Muchos pensaron así y hasta hoy, muchos piensan del mismo modo, y se llaman cristianos.

El modo de Jesús

Jesús llama y reúne a sus discípulos y los prepara para rehacer el mundo entero, aquello que él mismo hace. Despierta para esperar el Reino de Dios y para una conversión, un cambio. ¿Cuál es esa conversión? Cambiar de vida, dedicarse a anunciar el reino de Dios a todos. Fundar una sociedad de hermanos, en la cual ninguno domina o explota a los otros. Los discípulos van a comenzar a vivir de ese modo entre ellos y van a convidar a otros a imitarlos. Es algo muy simple y muy difícil de aceptar. ¿Cómo asegurar que ese método pueda ser eficaz? Mientras tanto la historia muestra que es eficaz, aunque sea en forma parcial, precaria y provisoria, y que es siempre preciso recomenzar cuando alguna cosa acontece. Jesús no promete la realización completa de la liberación, pero enseña a buscarla en esta tierra, en esta vida, creyendo en ella. Eso significa tener fe. Tener fe es creer que somos llamados a construir el Reino de Dios en el mundo tal como es, sin violencia, sin dominación, y que el método de Jesús es válido.

Sólo los pobres lo pueden creer, porque es imposible a los ricos creerlo. Los ricos creen en el poder y eligen el camino de querer siempre más poder. De es manera aumentan sin cesar la dominación y la opresión. Para ellos este evangelio de Jesús es pura locura, como ya diría Pablo. Pero para los que confían en Jesús, es una verdadera sabiduría.

Cómo se recorre el camino de Jesús

Jesús no libera sin la colaboración de los mismos pobres. La liberación no es un don que desciende del cielo y se recibe ya terminado. La experiencia nos ha enseñado que de hecho, ningún don desciende completo del cielo. Jesús realiza la liberación para la vida y para las actividades de los propios pobres. Jesús está en ellos animándolos a construir ese Reino de libertades.

Los pobres animados por Jesús no usan ni consiguen las armas de los dominadores. Ni las armas, ni el poder político, ni el dinero. No usan los medios por los cuales los dueños de la tierra dominan a los pobres y los convierten en sus esclavos. Si buscaran los mismos medios, ellos mismos caerían en los mismos defectos. Construirían entonces otra forma de sociedad de dominación, pero no nos traerían la libertad, porque esos medios no procuran libertad.

La formación de las comunidades

Los pobres forman comunidades de vida. Son diversas las formas que pueden asumir. Dependen además de las condiciones históricas. En un comienzo son comunidades pequeñas, como aquéllas que aparecen en el Nuevo Testamento. Pero pueden crecer y van creciendo en la historia. No son esencialmente comunidades de culto o de religión, en cambio el culto y la religión, pueden ser formas de educación o de preparación para la vida comunitaria. No siempre el culto y la religión lo hacen. Muchas veces el culto y la religión son un fin en sí mismo, y además responden a necesidades psicológicas y sociales de los seres humanos. Las comunidades que Jesús crea, son comunidades de vida total, de trabajo, de educación, de habitación, de relaciones, siempre en la vida concreta de cada día y nunca fuera del mundo, en forma puramente simbólica.

Pueden ser comunidades rurales en los que todos tienen su parte y trabajan en conjunto, producen en conjunto, comercializan en conjunto y crecen en conjunto. Pueden ser industrias dirigidas por los propios trabajadores en forma de cooperativa o de otra forma. Puede construirse cooperativas en muchas de las actividades humanas.
¿Por qué esa formación de comunidad es tan lenta? Seguramente porque el sistema establecido se defiende y usa todos los medios para destruir todo lo que sea comunitario. Pero también debemos reconocer que muchas veces los propios pobres no tienen la fe suficiente, no tienen coraje, audacia, confianza en los otros, que son necesarias para buscar formas de vida comunitaria. Nada se hace sin una fe radical.

Las comunidades en la historia

Históricamente existieron y existen comunidades semejantes, de dimensiones más o menos importantes. Hay comunidades de regimenes parciales, por ejemplo cuando todo un pueblo asume una postura solidaria en casos de dolencias, desempleo y la vejez. Existe una comunidad cuando el pueblo entero asume la educación de todos y la misma educación para todos. Es lo que en esta época recibe el nombre de Estado de bienestar social o de democracia social. Son expresiones comunitarias importantes. Sin embargo son expresiones incompletas, porque la mayor parte de los medios de producción pertenecen a minorías privilegiadas, y esto es lo que permite grandes desigualdades. En América Latina, y en Brasil en forma particular, la desigualdad social es inmensa y las clases sociales prácticamente no se comunican, viven en mundos físicamente separados. No se encuentran en la vida real, a menos que sea de modo puramente formal y funcional, en las fábricas o en las unidades producción, de manera totalmente desigual. Dentro de esta situación, los encuentros son manifestaciones de la desigualdad.

¿Por qué los pobres soportan tanta dominación? Porque se sienten tan poco frente a sus dominadores que pierden el coraje. Por miedo, por falta de audacia, por falta de confianza en sí mismos. Falta una evangelización fuerte, capaz de suscitar la verdadera fe. Existe toda una cultura dominante que les enseña que son incapaces, impotentes, condenados a su condición de dominados, porque no existe otra sociedad posible. El que recibe este mensaje durante toda su vida, pierden el coraje. No confían unos en otros y por esto mismo son lentos para unirse y buscar juntos este nuevo tipo de convivencia humana que pueda sustituir a las estructuras de dominación existentes.

El anuncio de liberación

Jesús anuncia la liberación. Inició un movimiento comunitario reuniendo a sus discípulos que se encontraron juntos el día de Pentecostés para recibir el Espíritu Santo, enviado a ellos. Echó a andar el movimiento. La misión de los apóstoles, de los misioneros, es anunciar de modo activo, como Jesús, demostrando cuál es el modo de proceder para construir el Reino de Dios. La Iglesia constituye ese pueblo de misioneros. La Iglesia existe para poder iniciar ese movimiento de comunidades humanas en todos los niveles. Para decirlo mejor, la Iglesia existe en ese movimiento. Fuera de él no existe como Iglesia de Jesucristo, sino solamente de nombre.

Históricamente la Iglesia habló y continúa hablando. Los cristianos pertenecen a este mundo y llevan consigo todo un pasado pagano. Cuesta creer en el evangelio, y peor aún, muchos ni siquiera lo recibirán, aunque hayan sido bautizados y recibido los sacramentos. Por empezar, Jesús no creó una religión, ni organizó ningún culto, ni definió una doctrina, ni un régimen de gobierno, ya que quería que todos fuéramos iguales. Pero mucho de sus discípulos lo hicieron, puesto que traían tras de sí toda una vida anterior de religión y sentían la necesidad de construir una religión a partir del culto al Jesús resucitado. No habían conocido a Jesús en la vida real y aplicaron a Jesús lo que habían aprendido ya sea en el judaísmo o en las religiones llamadas paganas.

La religión de los pobres.

Hemos creado una religión muy desarrollada y cada vez más formalizada. La religión vive en un mundo simbólico, que consiste en forma y no en realidades materiales Lo que sucede es que la religión se forma en su mundo simbólico para vivir en él, que para ella es salvación. El Dios de la religión pide paz y tranquilidad, pero se encuentra con que los misioneros son perseguidos. Si la Iglesia vive en paz, es una señal de que no tiene por objetivo el Reino de Dios, sino apenas la seguridad de sus fieles. En concreto, las parroquias y las comunidades religiosas, tienen como sus actividades dominantes sus actividades simbólicas, de culto, de profesión de fe, de construcción de un aparato material para realizar mejor sus actividades simbólicas. Esas actividades tienen por finalidad la salvación de las almas, no se preocupan por lo que sucede en este mundo.

Una Iglesia dedicada al culto y al mundo simbólico no presta atención particular a los pobres a no ser para darles sus limosnas, pero no tienen ni idea siguiera de pensar en su liberación. No tiene interés en ser la Iglesia de los pobres, ya que los pobres no dan demasiado poder. En cambio procura tener buenas relaciones con el poder político, el poder económico y el poder cultural. Además tras de sí hoy trae las marcas de XV siglos de cristiandad, cuando la religión de los pobres era la religión de los reyes. Todos debían practicar la misma religión que su rey. Es la Iglesia dependiente del rey. Esa colaboración entre poder religioso y los poderes civiles, está además en la mentalidad y en los proyectos concientes o inconcientes de muchos cristianos, sobre todo del clero. El discurso evangélico es más una práctica y un servicio a ese edificio religioso que la construcción de la Iglesias como institución.

Las minorías abrahámicas de Don Helder

Las minorías salvan y honran a la Iglesia. Hubo varones y mujeres heroicos que consiguieron despertar a los cristianos y llevarlos a promover reformas sociales. No siempre pertenecieron a la Iglesia de modo explícito. La Institución Iglesia, no luchó por la liberación de los esclavos porque estaba atada por los lazos con el Imperio y no quería emanciparse. No sentía que la unión estrecha entre el Imperio o, antes de él, con el reino de Portugal, era el mayor obstáculo para la vida cristiana. Esa estructura de cristiandad favorecía una relación desviada de la misión de la Iglesia que era anunciar el Reino de Dios y luchar por la liberación de los oprimidos entre ellos, los indios y los esclavos africanos.
Hay minorías que luchan por la reforma agraria y el propio episcopado toma posición con mucha fuerza en sus declaraciones. Pero las elites sociales y las clases medias que se dicen católicos y a veces practican y reciben los sacramentos regularmente, no quieren saber nada acera de una reforma agraria.

Hay cristianos que luchan también por la liberación de las favelas y de todas las viviendas insalubres, pero la masa de los católicos no se mueve y continúa eligiendo gobernantes que no se dedican a esas tareas primordiales.

Podríamos preguntarnos si en las parroquias hay realmente mucho interés en entrar en esas luchas. No se nota demasiado. Entonces, a nivel teórico, la Iglesia quiere la reforma agraria, la reforma urbana, un salario justo, pero en la práctica en las parroquias y en las instituciones de la Iglesia se confunde esto con las actividades religiosas y no se ponen al servicio de la humanidad, no buscan su liberación. ¿Cómo hacer para conseguir la liberación de una institución tan apegada a la estructura social establecida y a las clases sociales dominantes? Ese es el drama.

¿Quién es el pobre?

Los ricos siempre han procurado desviar el sentido del evangelio. Inventaron el concepto de pobreza espiritual. Pobres son los que no están apegados a la riqueza, los que no se sienten ricos, los que tienen sentimientos de compasión por los pobres. Interpretan el versículo de Mateo sobre los pobres en espíritu como si el espíritu fuese lo inmaterial, lo mental, lo psicológico. Pero el espíritu es viento, fuerza, tempestad, como en el día de Pentecostés. Los pobres de espíritu son los que son animados por el Espíritu. No son los pobres de sentimiento.

Los verdaderos pobres saben que son pobres. No se preguntan quién es pobre. Saben que son pobres. Los ricos buscan subterfugios para definir en forma complicada la pobreza de tal manera que no se sientan denunciados como los ricos del Evangelio. Si alguien duda sobre si es pobre o rico, con certeza, es rico, porque un pobre no duda, sino que sabe muy bien qué es la pobreza. Los pobres son la verdadera iglesia, el verdadero pueblo de Dios a pesar de que en su presencia el sistema religioso pueda ser un fracaso. Muchas veces no se encuentra en las iglesias parroquiales y muchas veces, ni siquiera en las capillas. Pero Jesús sabe cómo reconocerlos e integrarlos a su cuerpo como el verdadero pueblo de Dios. Jesús lucha por su liberación en medio de ellos.

* Transcriptor y Editor (N.T.) : Enrique A. Orellana F.
Traducciòn del portugues al español (06.04.2010) : Diana Rocco T.
* “Os pobres são a verdadeira Igreja, o verdadeiro povo de Deus ainda que a sua presença no sistema religioso possa ser muito fraca. Encontram-se nos grandes santuários de romarias populares. Não se encontram nas igrejas paroquiais e muitas vezes nem sequer nas capelas. Mas Jesus sabe reconhecê-los e os integra no seu corpo como o verdadeiro povo de Deus. Jesus luta pela sua libertação no meio deles”. A afirmação é do Pe. José Comblin em artigo inédito para o livro Fome de Justiça, perspecivas de superação da pobreza que será lançado na Suiça no dia 20 de maio próximo.

O artigo foi enviado por Marianne Spiller, suiça, há muitos anos radicada no Brasil e coordenadora da Associação Brasileira de Amparo à Infância – Abai, com sede em Mandirituba-PR. Unisinos.-
Marianne conheceu José Comblin, quando foi se solidarizar com D. Luiz Cappio, bispo de Barra – BA.
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