Llegando

cortázar

Esta tarde mientras veía televisión, ví una imagen. Eran páginas de un libro cortadas en bajada, ahuecando, formando al final, una palabra: llegando. La sensación era esa, la de estar llegando. Esto es lo que es para mí el escribir: es estar llegando. No pude dejar de recordar Julio Cortázar, en “Después hay que llegar”.

Me vino una sensación de paz muy grande. Es muy pleno estar aquí, es lo mejor que a uno le puede estar pasando: estar aquí. A veces he tratado de explicar para mí mismo, lo que es esto de estar bajando, de estar llegando en el escribir.

No viene una explicación: viene la sensación, la sensación de estar bajando, de estar llegando. Como si uno se hubiera ido distanciando, y estuviera volviendo al escribir, volviendo en palabras, volviendo a la hoja. Bajando, bajando hasta llegar aquí.

En estos años de escribir intensamente, de escribir como una manera de tenerme de vuelta, he ido dejando venir memorias, sensaciones, sentimientos. Percepciones. He ido viendo el juego de la atención y la memoria.

La identidad se ha ido rehaciendo en esto de verse desde la hoja y en la hoja, y por los ojos de las lectoras y lectores. Y en estos juegos de espejos, juegos de palabras, juego a encontrarme en la percepción de quien me lee, me encuentro de hecho en la percepción de quien me lee.

Me leo en tu lectura, te lees en mi lectura. Proyectamos, y al proyectar, nos tenemos de vuelta, dice Julio Cortázar en el Diario de Andrés Fava. La realidad es imaginaria, es literaria, de ahí que nos tengamos de vuelta al re-conocernos en lo literario y poético.

Nos vamos deshaciendo de las falsas percepciones, de las ideas equivocadas, objetivizantes, y nos reconocemos en lo tenue que nos habita. Y que vemos al ver una imagen, al reconocer al mundo como imágenes creadas por nosotros y heredadas.

Jugamos a libertarnos de lo que nos oprime, y creamos imágenes libertadoras. Jugamos a jugar con el lenguaje, y así rompemos las prisiones linguísticas en las que nos habíamos encerrado.

Descubrimos que no importa cuántos años tengamos, ni si el espejo nos devuelve una imagen arrugada, marcado nuestro rostro y nuestros ojos por los años, por dentro no tenemos edad, somos siempre niños, niñas, criaturas infantiles jugando a la vida y a lo nuevo, de nuevo.

No sé si publicaré el libro que vengo escribiendo. A veces me ha pasado de haber enviado a algunas gráficas y editoras manuscritos que después descubro que no eran los que quería publicar.

Todo empieza de nuevo. Otra vez a juntar hojas. Las mismas y otras hojas. A veces siento que son las hojas las que me buscan, son las palabras las que juegan conmigo, juegan a publicarse y a esconderse. Y en este juego, me escondo con ellas y de ellas, y en ellas vengo, de nuevo.

Em suas palavras, me encontro… Como pode, alguém de outro país, desconhecido até há pouco tempo, ser tão próximo, através de uma simples folha e algumas palavras?
Enquanto você escreve, todos nos encontramos: você, eu e muitas pessoas conosco e consigo mesmas… Encontros restauradores…

  • Julio Cortázar diz, em “Del sentimiento de no estar totalmente,” em La vuelta al día en 80 mundos, que ele nunca se encontrava aqui, mas se encontrava, sim, nos livros que lia. Como podemos nos reconhecer tanto em alguém que não conhecemos, ou que não conheciamos até ler os seus escritos? Julio Cortázar se transformou em alguém fundamental na minha busca pela minha verdadeira identidade. Graciliano Ramos também. Graciliano era alagoano, Cortázar argentino. Qual é o país da alma?

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