Leyendo

rosedalEsa tarde, la sesión de lectura fué más corta que las anteriores. Leí de Norah Lange, una escritora argentina recentemente descubierta, Cuadernos de infancia. Y en seguida, de Vicki Baum, El ángel sin cabeza, la fascinante novela que me recuerda más intensamente a mi querida abuela Mamina.

Ambas lecturas me traen a ese mundo que tan facilmente me acoge. El mundo de los libros y las historias antiguas, donde mi imaginación y el sentimento se expanden sin límites. Leía en el vestíbulo de la casa de mi padre, ahora silencioso. Las paredes cubiertas por un papel de pared floreado.

Un cuadro donde mi padre, joven, luce al lado de Víktor Frankl, el creador de la logoterapia. Como tantas otras veces, estos breves momentos, me proporcionan un descanso y um placer benéficos. Miro las hojas amarillas del libro de Vicki Baum y recuerdo ayer a la tarde, cuando fuimos con María a caminar por el parque, y compré el libro en la barraca de usados del Club Mendoza de Regatas.

Las palmeras, el rosedal, la gente haciendo gimnasia. La estatua de la mujer en los jardines floridos. Las glisinas en los pergolados. Los clarines de guerra. La classe de pilates esta mañana. Caminando hasta la calle Pueyreddón. La profesora conversando, la música.

Papá desayunando con nosotros en la mesa del comedor de diario. La foto de mamá en la pared. Al leer, uno se va unificando con otras lecturas, otros libros. Otras tardes o noches o momentos en que nos dejamos llevar por las narrativas de los autores y autoras.

El libro de Norah Lange comienza con una frase que en seguida captó mi atención cuando, en la Librería Técnica, la leí por primera vez. Se refiere a la forma como ella recuerda, de niña, su primer viaje entre Buenos Aires y Mendoza.

Las narraciones siguientes son pequeños fragmentos de su vida de niña. Norah Lange, Vicki Baum. Unos relatos de Eduardo Galeano que me leíste, de su libro Vagamundo, vagaban esta tarde, como queriendo despertar algún eco. También relatos de niños contando sus primeras vivencias.

oi Rolando
Me gusta siempre leeir lo que escribes. . Los recuerdos de tus momientos con Maria en el paseo por la calle, los libros leidos, me parece que estoy también vagando, soñando,
Garcias
Abrazos Magdala

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