Leyendo-escribiendo

No adelanta que yo trate de ir por el camino de otros (u otras). Y si te suena medio rara esta construcción, es porque se trata de una traducción literal del “não adianta” portugués para el castellano. Qué bien que me suena decir castellano, y no español. Allá en Mendoza siempre le dijimos castellano a nuestro idioma. Pero lo que te quería decir, es que solamente cuando empiezo a escribir, empiezo a sentirme bien. Por eso me paso buena parte del día escribiendo.

No importa demasiado qué es lo que pueda llegar a escribir. Importa que escriba. Que ponga letras formando palabras y palabras formando frases. Que deje venir lo que hay que expresar. Que el día está lindo y que vi el mar y la gente en la playa. Las flores de las veredas del barrio. El canto de los pájaros, un bebé en su cochecito. No importa mucho qué escribir. Importa escribir. El acto, el hecho, el poner letras, formar palabras, comunicar. Ahí soy yo, allí respiro y tengo mi ser. Así escapo del sinsentido.

He tratado de escapar de esa sensación desagradable de no tener un lugar, de varias formas, todas válidas, y todas con alguna utilidad. Pero ninguna consigue ponerme en mi lugar, hacerme sentir que de hecho soy el que soy, como el escribir. Solamente cuando escribo, algo en mí se ajusta. Entonces lo demás, sea lo que sea, es secundario. Lo importante es esto, es lo que está aqui, lo que estás viendo, lo que va apareciendo delante de tus ojos cuando lees. Y uno lee todo el tiempo. Leemos el mundo, nos leemos en la escritura del mundo, como dice Paulo Freire.

Uno dice Paulo Freire y siente un alivio. Que alivio pensar en Paulo Freire. Sólo de recordar algunas de sus frases o ideas, uno se da cuenta de que fue una de esas personas que nos ayudan permanentemente a ser más felices, porque más situados o situadas (y esta cuestión de lo femenino-masculino arranca con él) en nuestro propio lugar en un mundo que va siendo; incompletos e incompletas, a camino. La liberación del opresor interno. La horizontalidad. Cuántas cosas nos dejó este infinito maestro del mundo que nos harán siempre respirar mejor.

La liberación del intelectualismo, la ruptura con la visión cosificada de la gente y del mundo, el rescate de la dialogicidad, tener o ser. Claro que Paulo Freire bebió en Martin Buber, Karl Marx, Erich Fromm, pero a todo le da un toque persoal, integrando saberes, disolviendo fronteras, mejorando el existir humano em el reconocimiento de que toda persona es detentora de un conocimiento válido, y que sólo ella, en comunidad, puede liberarse y llegar a ser lo que es en verdad, o, mejor dicho, lo que está siendo, con autonomia y reponsabilidad.