Leyendo

booksEsa tarde, como tantas tardes, dedicara un tiempo a la lectura. Esto le permitía dejar lejos, como detrás de una pared de vidrio, las preocupaciones, cualesquiera que fuesen. La lectura nos enriquece, nuestro mundo se amplía. Podemos reconocernos en los personajes, y al involucrarmos en sus historias, nos conocemos mejor. Ahora por ejemplo, estaba leyendo de Vicki Baum, El ángel sin cabeza. Una narrativa en la que la protagonista va describiendo sus etapas vitales, las impresiones sobre sí misma, con delicado humor e ingeniosidad. Cuando leo, una silenciosa compañía viene a mí: la de tantos libros y autores y autoras leídos a lo largo de la vida. Es como si una realidad concreta, invisible en un cierto sentido pero en otro no, me envolviera a medida que me voy dejando caer en el mundo del relato, del libro que estoy leyendo. Se entrelazan los poemas y las imágenes, los sentimientos.  Actuales y passados. El tempo se unifica y se expande. Y en mi vida cotidiana, lo leído y lo vivido forman un tejido inseparable.