Leo de distintas maneras

Leo integradamente, alternadamente.

Un pequeño texto de Virginia Woolf, “Um toque feminino na ficção,” donde la autora critica al autor de una nota con ese título, un tal Courtney, que, al parecer, no dice nada acerca de lo anunciado.

Henry James, Retrato de uma senhora, en que el autor describe la génesis de ese romance, los lugares donde lo escribió, y una pincelada breve sobre Venecia, de donde acabo de volver.

Insônia, de Graciliano Ramos (que vuelvo a leer después de haber consultado una crítica literaria a su respecto), focalizando en dos de sus cuentos: “Un ladrón,” y “Minsk.”

El primero es una precisa y preciosa descripción de un gatuno que se aventura a robar en una casa, las peripecias de esta incursión, y el desenlace totalmente inesperado.

El inconfundible estilo de Graciliano Ramos, en el que se integran los actos, los hechos, el enredo propiamente dicho, y la interioridad psicológica del personaje. Esto produce un efecto de auto-reconocimiento, o de identificación del lector, muy sabroso.

Por coincidencia, Jorge Luis Borges, al comentar Hojas de Hierba, de Walt Whitman, en su prólogo a ese libro, elogia el arte del escritor estadounidense, que, según él, crea un triple personaje que es al mismo tiempo el escritor, su homónimo en el relato, y el lector o la lectora.

El segundo cuento, “Minsk,” se refiere a un lorito que se transforma en mascota de una niña. Engraçadinha, de Nelson Rodrígues, cuyo personaje principal es la joven hija de un figurón de la política, que se involucra con un muchacho que (sin que ella lo supiera) era su hermano. Estas lecturas intercaladas me restituyen a la trama literaria de la existencia.

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