Lecturas, lugares

Hay veces que me pongo a pensar en La caída de la Casa de Usher, que ha sido traducido también como La caída de la casa Usher. Cuando pienso en este cuento de Edgar Allan Poe, me admira su maestría, su manera de llevarnos a ese lugar, que talvez haya existido solamente en su imaginación. Pero decir esto es decir muy poco, o, peor, puede ser que uno esté rebajando la imaginación del autor a un lugar secundario, lo cual no es en absoluto mi intención. Lo que quiero señalar es que al evocar el relato sobre la caída de la casa de Usher, vienen a mi memoria los recuerdos de la llegada del personaje a las cercanías de la Casa Usher, adonde llega a caballo, mira el foso lleno de agua, el reflejo de la pared sobre la superficie, y una grieta que desciende hasta perderse en la superficie del agua.

La maestría del autor está en irte llevando hacia adentro de la narrativa, a llegar vos también a ese lugar que ahora ya vas conociendo, se te va haciendo más y más familiar cada vez que lo leés, hasta que ya se puede decir que, de algún modo, sos un socio en esta narrativa. No hay narrativa sin lectores, y tú eres uno de ellos, o una, si sos mujer. Y no te preocupes si ahora está escrito vos y enseguida tú, o si hay cambios en la persona que escribe. Si cambias tú, que lees, ¿por qué no habría de cambiar también quien esto escribe? Lo que me admira, lo que no deja de maravillarme, es el arte del escritor, que de su imaginación, o quién sabe de qué lecturas, construye lugares que se hacen reales para personas que él nunca conocerá, talvez, o con certeza. Este relato de Poe, sobre la Casa de Usher, lo leí hace mucho tiempo, pero hoy, al recordarlo, me lleva al mismo lugar que la primera vez, o que las primeras veces. Lo lindo de leer cuentos de buenos autores o autoras es que al leerlos, se va borrando la distinción tan aparentemente real entre yo y el otro, entre esto y aquello, entre realidad y ficción. Las fronteras son artificiales, como las fronteras nacionales. A medida que me voy metiendo en los relatos de los libros, me voy diluyendo en la realidad que me rodea, me voy haciendo uno con ella, y esto es muy lindo. Ya el mundo no es tan otro, no está tan fuera de mí.

El autor o la autora, nos traen el mundo para adentro. Pero aquí me estoy refiriendo únicamente a los relatos de ficción, no a todo tipo de escritos o de libros. Los relatos ficcionales tienen la virtud de la inutilidad. No se lee para adquirir alguna ventaja sobre los demás, para parecer más sabio o instruído. Se lee, al menso leo, creo, más para divertirme, para volver a ser uno con el mundo que me rodea, para expandir mi conciencia, para aprender, qué se yo, tantas cosas que sería imposible enumerarlas a casi todas. Yo creo que los autores de libros de literatura, son benefactores de la humanidad. Son creadores de mundos a los que amablemente nos invitan a entrar, a los que van llevándonos con nuestra complicidad, con nuestra concordancia, si me permitís la expresión. Y la literatura tiene también, la virtud de ir borrando las fronteras que nos separan de otras personas, de otros pueblos, de otras culturas, de la realidad externa, como ya dijimos. Entonces, si somos más unidos al mundo externo al leer, es muy bueno que más y más gente lea cada vez más. Un mundo de lectores y lectoras. ¿Qué te parece? Es muy lindo. Y sanseacabó.

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