Las cosas que me gustan

Hoy trataba de pensar en las cosas que quiero, las cosas que me hacen bien, lo que me gusta hacer o ser. ¿Como ser? Te quiero a vos, si vos sos María, o si sos alguno de mis amigos o hijos o hermanos o hermanas o vecinos o gente de la calle que anda por ahí viviendo nomás, porque el aire es gratis porque la vida es linda, porque sí, o porque no. ¿Por qué no? Es muy lindo vivir y con o sin porqués, vives y eso es muy lindo. El aire entra y sale de ti y te gusta, te sientes bien. Oyes los grillos y te gusta, te sientes bien, los grillitos cantan todo el tiempo, son musiqueros. Pasa un auto, sopla el viento, miras el mar, una mujer que pasa con su hijito en brazos o en el cochecito. Ves unas flores en la arena, azules, blancas, otros colores que ahora no recuerdo. La gente de los movimientos sociales que hoy a la tarde se reunieron en el sindicato de los trabajadores de la construcción en el centro de la ciudad. Los sin tierra, las mujeres en marcha, los homosexuales por sus derechos, la gente de la iglesia de base, entre la que te cuentas, estudiantes de ciencias sociales que preparan un encuentro nacional en João Pessoa a fines de agosto, comienzos de setiembre. Pasa una motoneta, alguien va a algún lado. Un libro de Cortázar en la mesa, la vuelta al mundo en 80 días, el gato y el filósofo, te reías con Alder esta tarde rumbo al sindicato. Harías la lista, sería una larga lista, pero empezarías. Orar, cuidar de las plantas, leer, hablarle a los amigos por teléfono, escribir cartas o correos electrónicos, leer los mensajes que Aurea manda de Recife o papá de Mendoza o Sarita, transcribir las evaluaciones de Paysandú, aunque las hayas embrollado un poco, borrando algunas que ahora ya no sabes cuáles son, si son más de una o es una sola nomás. Lo verás mañana, que por hoy ya es bastante. Un paso me es bastante, decía Gandhi, y yo también, chau, no sé si me explico. Es muy lindo.