La vida es hasta el final

Esta mañana participé de una ronda de Terapia Comunitaria Integrativa.

Una mujer habló de su sufrimiento desde joven. Violencia doméstica. Superación.

Supe que mi dolor era no haberme sentido amado. Esto me capacitó para amar.

Trato de ser sensible al movimiento de las letras. Lo que está queriendo venir. Leo y escribo. Pinto y dibujo.

Releo Esaú e Jacó, de Machado de Assis.

Paseé por la playa. El mar siempre me alegra. El movimiento de la ciudad.

Caminando me ordeno y me junto. Respirando también.

En la medida en que voy viendo que he ido superando mis dolores, haciéndome fuerte a partir de lo que me faltó, me reconcilio más y más conmigo mismo.

Veo que la lectura de mí mismo no tiene nada de lineal. Es admirable descubrir cómo es intrincado el camino hacia adentro de uno mismo.

Es de una extrema crueldad que quieran que la gente trabaje hasta morir, sin jubilarse. Justamente la jubilación es el tiempo de reconocerse en el trayecto total recorrido.

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