La terapia comunitaria y el sentido de la vida

Me gustaría escribir algo sobre la terapia comunitaria como medio de disminución del sufrimiento mental. No hay mucha bibliografía al respecto, aunque es una tecnología de cuidado ya expandida en varios países latinoamericanos de habla española, como Argentina y Uruguay, donde se formó este año el primer contingente de terapeutas comunitarios de Hispanoamérica.

Este comienzo es muy auspicioso, pues se trata de un trabajo en la base, en la atención primaria del sistema de salud y en actividades microsociales en pequeños grupos o instituciones, con buenos resultados. Las áreas de aplicación son sobre todo, las puertas de entrada al sistema de salud, donde un buen número de personas son evitadas de enfermarse, ser internadas y medicadas, a través de su participación en estos pequeños (o grandes) grupos en que uno es convocado a salir del aislamiento, del abandono, de la tristeza y de la soledad, para descubrir un horizonte mayor hacia dentro y hacia afuera, en una comunidad que te acoge y te incluye.

Las personas muchas veces no tienen acceso a consultas psicológicas o psiquiátricas, por ser caras o demasiado especializadas, orientadas a dificultades específicas. Pero estas ruedas de terapia comunitaria, que funcionan en puestos de salud, en hospitales o universidades, en asociaciones de moradores o iglesias, vienen retirando mucha gente de la medicamentación inocua o cronificante, y de situaciones de drogodependencia, depresión, desánimo, desaliento, etc, en muchas regiones y ciudades de Brasil (donde nació la estrategia, hace 21 años) y ahora, de Uruguay, Argentina, Venezuela y Chile.

La ganancia es para la persona y su grupo familiar, en primera instancia, pues el alivio es inmediato. Muchas veces, basta participar de una rueda, que el problema que arrastrabas durante muchos años, desaparece. Gana la institución y el barrio, el grupo social más inmediato o cotidiano con que te relacionas, pues tu sentido de vivir se refuerza, tu disposición para trabajar y crear, para relacionarte, para apostar en la vida y en ti mismo o en ti misma, se multiplican.

Gana la sociedad más amplia, pues descubres dentro de ti una fuerza interior que te autonomiza y potencializa tus esfuerzos, dándote fe y más ganas de seguir. La pérdida de sentido y de raíces, la baja autoestima y la pérdida de horizontes de vida, que empujan tantos y tantas en tantos lugares del mundo a patologías personales y sociales como la drogadicción, el tabagismo, la violencia familiar, el vandalismo, el suicidio, etc, desparecen cundo te descubres parte de un colectivo y de una historia.

Para terminar estas breves reflexiones puedo decirte: acércate a una rueda de terapia comunitaria. Puede ser que ganes mucha más fuerza para seguir adelante, para no darte por vencido o por vencida, para insistir en ser quien eres, un hombre o una mujer, no importa tu edad o tu condición social o económica, con derecho a existir.