La fuerza de la comunidad

El concepto de comunidad (1)

“Cuando hablamos de comunidad, estamos refiriéndonos a personas o grupos de personas que comparten condiciones semejantes de vida — económica, social, cultural, política, religiosa y espiritual — aún dándonos cuenta de que en la comunidad existen diferentes niveles y formas de vivir esas condiciones. La comunidad no es, entonces, un todo homogéneo, una vez que existe diversidad en su interior. Pero hay un aspecto fundamental en la formación de una comunidad: para que una comunidad se constituya, es muy importante que las personas y grupos estén en permanente interacción, o sea, que exista un flujo de relaciones entre las personas, pudiendo haber reciprocidad entre ellas.

Debido a la forma como nuestra sociedad está organizada, raramente los grupos actúan como un todo. Pero una parte consigue defender intereses comunes, amplios, complejos, vastos, buscando el bienestar social.

Las comunidades comparten, también, un mismo espacio geográfico. Vamos a comprender, entonces, el concepto de comunidad.

Comunidad es un grupo de personas que viven, no de éste o de aquél interés particular, sino de un complejo conjunto de intereses, de modo de viabilizar sus vidas, dándoles un significado de pertenencia e identificación.

La comunidad, o mejor dicho, las pequeñas comunidades son un espacio de construcción y reconstrucción social. Ellas consiguen integrar, en una dinámica de esperanza, vidas desesperadas y desvinculadas. Pueden, inclusive, asumir el carácter de familia substituta, como ya vimos. Viviendo en comunidad, la gente descubre y redescubre su identidad social, cultural e histórica.

La comunidad solo es consistente cuando consigue establecer una base concreta de relaciones entre las personas. Sin esto, no sería más que apenas un esbozo de comunidad.

Las relaciones entre las personas pueden ser comparadas a un bordado en que las líneas de la vida de cada uno se cruzan y entrecruzan formando un dibujo. Pueden ser comparadas a las telas que se cruzan para dar sustentación a la araña. Esas telas, líneas o relaciones, a veces se amplían, se destacan, otras veces se funden, se confunden, se conectan o se separan.

El hilo con el cual se tejen las relaciones sociales, viene de lo que somos, de lo que pensamos, de la forma como actuamos. Viene de nuestra identidad construida a partir de todo nuestro arsenal de vivencias, sean ellas afectivas, sociales, profesionales o espirituales. Como arañas, en comunidad, somos capaces de construir nuevas telas, nuevas relaciones, tejiendo hilos de la nada, o, aparentemente, de la nada. Porque tejemos a partir de algo invisible que existe dentro de nosotros. Algo que aunque no sea palpable, construye y da forma a nuestro vivir. Tejemos las telas usando nuestros hilos de vida como un acto de amor al prójimo.”

(1) Adalberto Barreto, Terapia Comunitaria paso a paso