La felicidad es una frecuencia

Alegría, felicidad, placer. Todo puede llegar. Todo puede ser. ¿Lo permito? ¿Creo que lo merezco?

Miro hacia mi interior y allí encuentro todo lo que necesito. Amor. Amistad. Fé. Miro a mi alrededor y veo lo mismo que hacia adentro. El mundo lo voy haciendo. Me tengo paciencia. Y trato también de ser paciente con los demás. Sin dejar de prestar atención a lo que es justo.

La felicidad es una frecuencia, así como el amor. No siempre estoy sintonizado con ella. Pero sé que puedo hacerlo. Ayer me pasó eso. Me sentí de pronto feliz como hacía tiempo que no me sentía. No había nada en particular que pudiera explicar esta sensación.

Era muy agradable. Me admiraba. Eso es todo. Me hizo bien. Fue un volver en el tiempo. Hoy es otro día. Nada es igual a lo que ya fue. Me viene este recuerdo del ayer, de un ayer que me llevó a un estado de paz y plenitud. Y me doy cuenta de que yo puedo facilitar esta integración en la trama sutil de la vida.

Puedo asimilarme a la frecuencia tenue del amor y la felicidad. No necesito esperar milagros ni excesivas sensaciones o estímulos. Sé que esto tiene que ver con el hecho de que yo pertenezco a la red de la Terapia Comunitaria Integrativa. Mi vida está cosida con otras vidas por ahí.

Pero también sé que la vida va y viene por sí misma, en sí misma. No trato de explicar lo que siento. Simplemente lo siento y me alegro. El hecho de que trate de poner en palabras lo que voy viviendo, me ha hecho irme adentrando en la totalidad de lo que existe.

Me voy descubriendo, como cuando era niño o más joven, simplemente disfrutando del vivir. No siempre las palabras consiguen traer fielmente lo vivido. Pero al intentarlo, voy como si dijera, llegando más cerca. Llegando y ya estando.

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