La comunidad cristiana

José Comblin, teólogo y sociólogo, nos brinda algunas reflexioes sobre la comunidad cristiana. En un tiempo en que se enfatiza demasiado la exterioridad, la apariencia, es muy importante ir al espíritu de los textos de este misionero belga que vivió con los pobres, como pobre. Sus escritos no vienen del intelecto solamente, sino del amor, de un amor que él enseñó con su propia vida.

“El Nuevo Testamento enfatiza también otro aspecto de la comunidad cristiana. Ella es una comunidad abierta. Todas las comunidades humanas tienden a cerrarse sobre sí mismas y a acentuar la separación entre ellas y el resto de la humanidad. Ellas insisten en sus señales de identificación. Con el pasar del tiempo van multiplicando un lenguaje propio que los demás no entienden, señales de reconocimiento, costumbres, estilo de convivencia, ritos, frases, etc.

Infelizmente, con el pasar de los tiempos, la Iglesia católica creó para sí misma un fortísimo sistema de identidad. Como herencia de la cristiandad, ella construyó una cultura casi completa. Ser católico pasó a ser sinónimo de revestirse de toda una cultura inmediatamente reconocible. Lo que hace reconocer a un católico no es la práctica del evangelio, sino toda una inmensa serie de señales exteriores. Cada año, la serie de señales de identificación aumenta –como si eso no llevara a una separación de la humanidad y a hacer más difícil la evangelización. Además de eso, los católicos en general tienen más orgullo de sus señales de identificación que del evangelio. Muestran sus señales de identidad como si pretendieran descubrir en ellos pruebas de superioridad, lo que los hace muy desagradables a los demás.

Sin embargo, para San Pablo, lo que distingue la comunidad cristiana es que ella se libera de todas las señales que la separan de los demás. La supresión de la circuncisión es un símbolo – significa que desaparecen todas las señales que asocian el mensaje de Cristo a una cultura. Para Pablo no hay más griego o judío, esclavo o amo, hombre o mujer. La comunidad está abierta a todos. Esa apertura debe ser visible. Nadie puede sentirse excluído por causa de señales culturales.

A medida que la Iglesia se identifica con una cultura que no es la de los pobres, los excluye. Hay una gran diferencia entre la cultura de los pobres y la de los ricos. Éstos se niegan a ver esa distancia, pero todos saben que ella existe. Puede variar en los diferentes países, pero la cultura de los pobres es siempre diferente de la de los ricos. La cultura predominante en la Iglesia católica es la de los ricos –salvo excepciones, muy marginalizadas por la Iglesia. Se trata de cristianos, pero que no participan de los actos oficiales de la Iglesia. La participación de los pobres es insignificante en las misas y en otros actos religiosos que se desarrollan dentro de los templos. Aún puede haber alguna participación en las procesiones y en las romerías –dependiendo de la forma como son organizadas. Si los actos religiosos muestran señales evidentes de la cultura de los ricos, los pobres no participan.

Fue dicho que la Iglesia había hecho opción por los pobres, pero eso no ocurrió. Ella puede haber asumido la defensa de los pobres y hasta haber luchado por la liberación de ellos, pero aún así los obres no se reconocieron en la cultura católica. Ellos aceptan entrar en pequeñas comunidades hechas de pobres – fuera de los templos y de la convivencia con los católicos ricos –, pero es muy raro que entren en una iglesia parroquial católica o en una capilla de barrio. La cultura existente no es la de ellos.

Es posible una comunidad cristiana vivir sin ninguna cultura? Claro que no. Pero la verdadera cultura cristiana debería ser la cultura de los pobres.”

José Comblin, O Caminho. Ensaio sobre o seguimento de Jesus (São Paulo, Ed. Paulus, 2004), PP. 203-204 Traducción Rolando Lazarte