Justicia

Me costó comprender que tuve que irme de Argentina no por no quererla sino por haberla querido. Fueron muchos años de confusión.

Hoy puedo decir que aprendí cuánto se paga por amar. Me toca en este momento rehacer el camino que me trajo hasta aquí.

Saber que la vida es una causa en sí misma. Y que no hay ideologías ni doctrinas ni instituciones que puedan garantizarme que actúo justamente.

Sólo el amor me trae a lo que es eterno. Nada me evita ni me evitó los errores, pero puedo seguir aprendiendo cuando miro para atrás y veo que no soy demasiado diferente de aquél joven que llegó a Brasil en 1977 en busca de una posibilidad.

Sigo siendo tímido y un tanto desconfiado, pero ahora no busco la perfección sino más bien aquella alegría que se encuentra en el intento por ser feliz.

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