Individualmente

“Es necesario tener un lugar adonde ir,” dice el I Ching, el libro de las mutaciones.

Mi lugar es un lugar mínimo, soy yo mismo. Son las palabras que escribo y leo. Los cuadros que pinto y veo. Los colores que me recogen y me reavivan. Hacia el final, todo se va reuniendo. La vida adquiere una sensación de unidad, un placer inusitado. El de estar donde debo estar y ser el que debo ser. El que solamente yo puedo ser. Un ser libre y bueno.

Fluyente como un arroyo de montaña que va bajando bajando bajando hasta pasar. Siento necesidad de decir estas cosas, en un momento en que, en Brasil se presenta una situación bastante adversa a la existencia humana. Una ofensiva contra la educación, la reflexión, la lectura, el estudio, la investigación.

Esto corre en paralelo a los ataques que se vienen anunciando, en contra de los derechos humanos, sociales y laborales. La extinción del pensamiento, la domesticación y la alienación del lenguaje y de la percepción, nos transforman en robots.

Nadie va a ganar en el caso de que se concretice esta tentativa de aniquilar las identidades personales y colectivas en favor de una masificación inhumana. La historia muestra que los regímenes que se constituyeron sobre la ignorancia, la confusión y la desinformación, dejaron un saldo lamentabilísimo de muerte y destrucción a su paso.

Todavía se puede volver atrás de estas acciones infelices cuyos efectos solamente avergonzarían aún más a quienes hoy tienen la responsabilidad de gobernar al Brasil. No existimos solamente para el mercado, para producir, o para generar ganancias.

Desvíos de comportamiento oriundos de falta de valores positivos y constructivos como el respeto a la diversidad, que nos humaniza, y respeto a las diferencias, que despierta y mantiene viva nuestra noción de seres únicos e irrepetibles, pueden ser corregidos llamando para el ejercicio de las funciones gubernamentales, personas capaces de gestionar en pro del bien común.

No se trata de oposiciones ideológicas, como equivocadamente se trata de hacer creer. Se trata más bien de rectificar el rumbo. Nadie vive para siempre. Los dictadores más sanguinarios murieron. La vida humana en su incalculable valor, debe ser cuidada, a riesgo de que nos estén queriendo transformar en una legión de zumbis, o cosa peor.

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