Identidad

fotoCuando no tenía nada que hacer, me ponía a escribir. Podría ser el título de mi próximo libro, pensó. No, no creo que sea una buena idea.

Podría llegar a parecer que uno escribe porque no tiene nada mejor para hacer. ¿Y será que no es la pura verdad? Si al final escribiendo uno se va recuperando como persona, se va retirando de la abstracción generalizadora que necesariamente nos falsea, y vamos teniéndonos de vuelta.

Entonces por qué seguir dándole vueltas a las cosas, tratando de complicar lo que es simple. Si cuando escribo me voy construyendo, de hecho.

Voy recuperando mi forma de ser, separándola de los papeles que se me fueron pegando a la piel, a los ojos, a los anteojos, a las orejas, a mi ser, al ser que soy.

Voy recogiendo perlas, pepitas de oro como cuando la otra vez andaba por la calle Lavalle de Mendoza, y tuve esa nítida sensación: pepitas de oro.

Las voy recogiendo y compartiendo. Las tengo para mí y las dejo ir. Que no se van, sino se quedan. Al compartirlas, se multiplican.

Otras personas se ven en mis escritos, y yo me veo en sus lecturas de mis escritos, así como me sigo viendo en los libros que leo. Leer y escribir, espejos.

Me gusta leer, escribir y espejos… ¡gracias por tus escritos!

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