Humanizando

He adoptado el hábito de compartir con las lectoras y lectores algunas impresiones sobre mi caminar, semana a semana.

Esta vez me gustaría decir que he vuelto de un curso de formación en Terapia Comunitaria que realizamos en Crateús, Ceará, nordeste brasileño. Una reunión que congregó personas participantes de varias ciudades cercanas, bien como también del área rural.

Negros y negras, indígenas, personas pobres que mantienen abrigos para recoger y cuidar personas en situación de calle. En medio de esta comunidad movilizada, de la que también formaban parte miembros de pastorales de la Iglesia Católica, encontré y tengo certeza de que muchas otras personas encontraron, una realimentación de un sentido más fuerte para el vivir.

La conciencia estimula. Ver personas que no se doblan, no se rompen, no se abandonan. Insisten en vivir una vida feliz y plena, luchando contra la escasez, las necesidades básicas no siempre satisfechas, el desempleo, el prejuicio, la discriminación. Juntando los recursos que la búsqueda de la identidad y la memoria nos provee.

Borrando las distinciones entre universitarios/as y personas que tienen otros niveles educacionales, pero que, sin duda, unidos y unidas tenemos aquel ingrediente que todo ser humano necesita para crecer y progresar: la solidaridad, el apoyo mutuo, el compartir experiencias de vida que nos refuerzan en la certeza de que somos invencibles siempre que nos unimos en esfuerzos superadores, donde lo que se potencializa es lo que de mejor tiene cada uno/a.

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