Humanamente

Hay una industria de la desesperanza, la desesperación, el miedo y el terror.

Esto va tomando distintas formas en diferentes épocas, pero su objetivo es uno solo. Se trata de destruír el sentido de la vida de las personas. Empujarlas al vacío y al aislamiento.

Una de las maneras es sobrevalorizar lo institucional, que está muy lejos del alcance de la acción personal, lo cual genera sensación de impotencia y de nulidad del valor de la persona.

Otra, es la sobrevalorización de lo ideológico y doctrinario, que se presentan como versiones más reales que la realidad experimentada y vivida.

Esto vacía a la persona por dentro. La deja ausente de sí. Alguien sabe, pero yo no. Este es el mensaje de esta estrategia. Hay varias otras estrategias, como el consumismo, pero no entraré en eso.

Sin embargo, la humanidad y la persona, no están inermes ni indefensas frente a estas operaciones avasalladoras, que cuentan con la participación importante de la prensa, la industria de la comunicación o información.

Tenemos formas de protección y de recuperación de sentidos personales, grupales y comunitarios del vivir. Mencionaré aquí el recurso a la espiritualidad o religiosidad libertadora, el buen humor, la valorización de la experiencia personal, el apoyo solidario, la ayuda mutua, la acción colaborativa.

Refuerzan el valor de la cooperación, en vez de la competición. El arte, que recupera el papel protagónico y creativo.

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