Hay más lugar

fotoEn la Terapia Comunitaria Integrativa tenemos una oportunidad para recuperar la noción del ser que somos.

Hay más lugar. Hay más espacio. Esta es la sensación que vengo sintiendo de manera muy fuerte. Hay más lugar. Hay más espacio. Hay más lugar, más allá de las ideologías y de las creencias. Más allá del prejuicio y la crítica. Más allá de las programaciones y las proyecciones. Más allá del pasado que presiona al presente.

Más allá de las exigencias, más allá de las procupaciones. Más allá del miedo. Hay más lugar. Hay un espacio. Hay un lugar. Esto lo vengo experimentando ya desde hace algún tiempo. Lo he venido registrando en mis escritos. Y lo he vivenciado más fuertemente, a partir de algunas experiencias.

La más reciente, el encuentro de Terapia Comunitaria Integrativa realizado en el Comedor Universitario de la Universidad Nacional de Cuyo, el lunes pasado, 27 de julio de 2015. Viene a mí aquél momento, esas personas todas reunidas alrededor de la sala. Las hablas de cada una. El dolor de acompañar a un padre enfermo. Los sentimientos de fragilidad.

El ahora como algo que hay que aceptar. Hay que aprender a convivir con lo que está aquí, el presente. Soltar. Dejar. Aflojar. No exigirse tanto. No exigir tanto. Algo intangible se repuso en mí a partir de este encuentro. Respiro mejor. Ya no me siento tan solo. Me siento integrado en una experiencia colectiva.

Gente de los bairros y de la universidad. Gente que, como yo, se enfrenta con los mismos dilemas que nos tocan a todos los seres humanos. Me siento mejor desde ese entonces. Algo se recompuso em mí, se viene recomponiendo. Vengo reuniéndome. Vengo recuperando el ser que soy, la persona que soy. Esto recibe un empuje inigualable, un estímulo considerable, en cada encuentro de Terapia Comunitaria Integrativa.

En ese juego de reflejos en el que me reconozco en tu historia, recompongo mi lugar en el mundo y adentro de mí mismo. Algo en mí está donde debe estar, y está de la forma como debe estar. Me acuerdo que yo también fui un trabajador. Yo también tuve que obedecer a horarios y a clientes prepotentes. También tuve que sobrevivir a las presiones de tener que agradar.

Tener que agradar desagradándome. Por eso ahora celebro este espacio. Siento que hay más lugar, y esto me alegra. Respiro mejor. Tuve que sobrevivir a las presiones de tener que agradar al punto de tener que ser perfecto. Una locura. No existe algo como la perfección. No soy perfecto. Soy humano. Y de esto me acuerdo cuando participo de los encuentros de Terapia Comunitaria Integrativa.