Graciela Maturo: “La verdad sigue existiendo”

Por María Evangelina Vázquez

Referente de nuestra literatura y amiga de Julio Cortázar, acaba de presentar un libro donde conjuga su vasta antología poética en la que el alma siempre aparece. Una charla con quien supo hacer de las palabras sus mejores aliadas en la búsqueda de sentido y de belleza.

Graciela Maturo (Santa Fe, 1928) acaba de publicar Bosque de Alondras. Antología poética (Hespérides), que comprende su producción desde 1958 hasta 2017. Un libro donde veremos -otra vez- su afición por la forma justa, la palabra que envuelve y transporta, la delicadeza de construir un clima sutil, la preponderancia de imágenes y del sentimiento. Su búsqueda romántica y espiritual se plasma con la intensidad de una pluma que no da nada por sentado, que indaga en lo humano hasta llegar al hueso, que no teme a la intemperie ni a los abismos. Su poesía llama poderosamente, como un encantamiento, a buscar un sentido a nuestra existencia. En sus versos podemos leer frases de inquietantes realidades y de exquisita construcción como “Estamos aquí, permanecemos / creando la ilusoria certidumbre / del techo que nos guarda […]. La muerte crece lentamente desde el fondo perfumado de los roperos / y carcome los muros / los vestidos, la piel” o “El corazón, como una abeja ciega, / vuelto a sí mismo andaba, buscando los destellos / de la dichosa luz”.

“Las plegarias del mundo
suben del pecho de los hombres, de las mujeres
y forman un gran árbol invisible
El árbol crece
sostiene el mundo hacia lo alto
Es la fuerza de gravedad del aire
el amor que nos llama
hacia las altas ruedas del espacio
hacia la noche sin aurora
en que todos los días resplandecen”.

Las plegarias, de Habita entre nosotros (1968).

Fue profesora de literatura y teoría literaria en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad del Salvador, la Universidad Católica y la Universidad Nacional de Cuyo. Ha publicado los libros El surrealismo en la poesía argentina (Prometeo), Cortázar. Razón y Revelación (Biblos), Los trabajos de Orfeo (EDIUNC) y La poesía: un pensamiento auroral (Alción), entre otros. Hoy dirige el Centro de Estudios Poéticos Alétheia. Días atrás, fue presentada como candidata en unanimidad por la Academia Argentina de Letras para el Premio reina Sofía de poesía iberoamericana. ¿Cómo no repasar sus ideas sobre la creación poética, su relación con los mitos, la filosofía, el misticismo y su crítica a la incredulidad actual? El panorama de la poesía hoy, su vínculo con Jorge Luis Borges y Alejandra Pizarnik, también fueron parte de esta charla, que tuvo lugar en su cálido departamento donde la escritora habita rodeada de libros que parecen tener vida propia y donde también hay un cuadro de la propia Pizarnik, además de varias pinturas surrealistas. Dispuesta siempre al diálogo y al intercambio de ideas, el encuentro ayudó a develar su visión sobre las letras, la verdad y su sentido de lo religioso.

–¿Qué importancia le das al mito?

–Una gran importancia. Los mitos son narraciones que transmiten enseñanzas; no son relatos infantiles. Esas narraciones eran propias de los pueblos de la Antigüedad , nosotros hemos heredado los mitos griegos que fueron transmitidos por los latinos pero no son los únicos mitos. Está, por ejemplo, la historia de Gilgamesh, que es del pueblo acadio y del sumerio. Ese mito es muy anterior a la historia de Ulises y, sin embargo, la historia es muy parecida. Quiere decir que Homero tiene antecedentes, que el pueblo griego no fue el que inventó todo. Estaban antes que ellos los egipcios, los sumerios, los hindúes, los chinos. Muchos pueblos desarrollaron civilizaciones y culturas anteriores. Hay elementos muy misteriosos en el origen de la cultura.

–Hay historias que se repiten…

–Exacto y no todo es por contacto: la similitud en los mitos de distintos pueblos es algo que llama mucho la atención, porque a veces no se conocieron entre sí. Y entonces de ahí sacó Carl Jung, que es un discípulo de Sigmund Freud pero que va mas allá de él, el hecho de que la mente humana ya viene configurada de una manera tal que produce determinadas imágenes. Los hombres de Borneo, de Sumeria y los aztecas de la meseta mexicana tenían mitos parecidos, análogos. Siempre se muestra, por ejemplo, la historia de un hombre que sale de su casa para vivir aventuras, se extraña de su casa. Hay motivos constantes.

–¿Son los arquetipos de los que hablaba Jung?

–Jung habla de arquetipos, tipos quiere decir marcas, por ejemplo los tipos de la tipografía de la imprenta, que ahora quedaron atrás porque hay otros sistemas, pero siempre han sido tipos que eran como algo que está preparado para poner una marca, el tipo… “Arque” viene de arjé (inicial, el principio). Son los tipos iniciales y de ahí viene todo…

–¿Con los relatos bíblicos también sucede algo parecido?

–Sí, aunque el pueblo judío fue más histórico, incluso la propia noción de historia es debida a ellos. Entonces en la Biblia, en los libros judíos, hay elementos míticos, simbólicos y otros que son históricos. Antes la hermenéutica bíblica decía que el pueblo judío no era que tenía mitos, sino que todo era histórico y verdadero, pero ahora se sabe que no. Porque mito no quiere decir mentira y ficción, quiere decir una enseñanza simbólica. Por ejemplo, en la Biblia está la historia de los reyes y esa sería la parte histórica, pero el libro de Jonás no es histórico: Jonás es un personaje que pasa unos cuantos días en el vientre de la ballena y después la ballena lo vomita. Eso no es un dato histórico, pero tampoco es aberrante, una locura. El vientre de la ballena se vuelve un lugar de oscuridad, de retiro, de aislamiento, entonces te das cuenta por qué resurge esa figura.

–¿Qué relación encontrás entre poesía y misticismo?

–Hay poetas que son místicos y conocen la tradición mística y la ejecutan a conciencia, pero hay otros que igualmente son atraídos por la poesía y no son conscientes de esa vocación espiritual, aunque hay algo en ellos porque, si no, no escribirían poesía.

–¿Qué tienen en común el místico y el poeta? ¿El buscar la soledad?

–El poeta busca mucho la soledad, pero eso no quiere decir que rechace a los otros. Vive en comunidad, aunque también busca sus espacios y se da cuenta de que hay algo misterioso en la palabra. También vas a encontrar poetas que escriben de forma prosaica y que no ven ningún misterio en la palabra. Están los poetas que son ajenos a esta órbita, pero los que para mí tienen vocación poética profunda, los que escriben cosas bellas que llegan a los demás han encontrado algún camino interior. Ahora están los otros, que te van a decir “la poesía se escribe con lo que a uno le pasa cada día y nada más”… Son posiciones. Sin embargo, cuando la poesía alcanza un nivel de belleza y de esplendor y realmente un poeta se convierte en un maestro, es porque encontró un nivel interior que lo lleva a escribir algo que no es lo corriente; el lenguaje llega a significar en otra esfera.

–¿Y cómo ves a la relación entre la poesía y la filosofía?

–También es profunda. La poesía es un modo de filosofar pero no solo desde la razón. Por eso, María Zambrano, que habla de razón poética, exige un nivel de razón que incluya lo imaginario, lo onírico, que incluya elementos que el filósofo siempre dejó afuera, porque se manejó con la razón socrática, la racionalidad. No se trata ahora de ir a una vía irracional. El hombre, como lo definió Aristóteles, es un ser racional. Pero no es solo racional, tiene que valorar también todos sus modos de conocimiento. Un modo de conocimiento puede ser el sueño, otro el erotismo, otro la memoria. El poeta es capaz de analizar y expandir racionalmente lo que ha descubierto por otra vía. Entonces, en el poema uno se da cuenta de que el poeta cede sobre todo a la presión del sentimiento, pero también incluye versos que son más analíticos, más racionales.

–Sos crítica del concepto de posverdad, decís que estamos en un tiempo donde se habla mucho de eso…

–Yo no estoy de acuerdo con ese concepto. La verdad sigue existiendo, más allá de que nosotros la conozcamos o no. Nosotros vivimos en la semi-ignorancia, creemos que sabemos mucho porque la ciencia nos ha dado conocimiento sobre las fuerzas de la naturaleza y hemos inventado aparatos técnicos que son verdaderamente prodigiosos. Eso le da al hombre cierta soberbia y cree que es él quien maneja todo, pero él no lo maneja, lo vemos a cada paso. Lo vemos en que el hombre, por sabio que sea, no es dueño ni de su nacimiento ni de su muerte, los dos acontecimientos más fuertes de su vida, a la que tampoco puede manejar, aunque logre extenderla veinte o treinta años.

–¿Puede ocupar el arte el lugar de la religión?

–Lo ha venido ocupando. Eso es porque también la religión va marchando hacia nuevas formas. Algunos comparten el arte con los ritos declaradamente religiosos y otros no, están en el arte y hacen del arte su manera de vivir lo religioso. En eso no se puede dictaminar nada, porque hay una gran libertad en el ser humano. Ahora, por un lado, yo veo que hay otros modos de vivir el arte y también otros modos de vivir lo religioso.

–¿Creés que hay mucho agnosticismo en este momento o, por el contrario, estamos ante un auge de lo religioso?

–Lo veo como un tiempo cada vez más religioso, especialmente en América Latina donde existen cultos muy fuertes y se están recuperando las tradiciones indígenas. También creo que la humanidad no recupera las tradiciones en todo su estado anterior. Para darte un ejemplo, los sacrificios humanos. Hay muchos pueblos que hicieron sacrificios humanos dentro de su concepción religiosa. A eso no se puede volver. La humanidad, desde un sentido universal, va dejando atrás algunas cosas para bien.

–¿No te parece que muchas veces en la intelectualidad creer en Dios está mal visto?

–Es que hay falsos intelectuales que no estudiaron a fondo el fenómeno religioso. Incluso le atribuyen a Marx algo que Marx nunca ha dicho. Está bien que Marx haya expresado que la religión había sido como un opio para los pueblos, pero no lo dijo despectivamente. El opio es algo que los hizo poder aguantar tanta inequidad, el opio era en el siglo diecinueve el único analgésico posible. Era una cosa que le permitía a la gente soportar el dolor, pero yo no creo que haya despreciado la religión.

–¿Cuál ha sido tu vínculo con Jorge Luis Borges?

–Con Borges no he tenido amistad. Con Cortázar, sí. Borges me ha interesado siempre, es una obra realmente polifacética, muy rica, muy interesante, pero soy nada más que una lectora admiradora. En mi libro editado por Alción publiqué un artículo, que es lo único que yo escribí sobre él, con respeto. Él era muy escéptico. No era un espíritu apasionado, ni religioso y sin embargo, ahora se estudia con mucha razón su faceta religiosa, que todo gran escritor tiene. Él, que todo lo decía con ironía, que consideraba “esto puede ser así, pero también puede ser de otra forma”… El cuento El Aleph, donde muestra que en un punto mágico se puede ver la totalidad del universo, cosas que pueden parecer fruto de la imaginación y sí, lo son, pero la imaginación también descubre. Puede ser que Borges haya tenido una experiencia mística o iluminativa.

–Me gustaría que me cuentes cómo fue tu relación con Alejandra Pizarnik

–Alejandra era más joven que yo, pero pertenecíamos a la misma generación. Su vida ha sido muy trágica, ella asumió búsquedas sin haber tenido un sostén religioso sólido porque era de familia judía, pero no tuvo la religiosidad judía como base. La figura de ella es la del desamparo. No fuimos amigas íntimas. En mi libro sobre el surrealismo publico una carta donde me trata de usted, a pesar de que no le llevaba tantos años. Alguien me dio una vez su dirección en París para que le escribiera y en Buenos Aires la visitaba en la calle Montevideo. Un séptimo piso C que ella decía que era el séptimo cielo. Cada vez que yo iba, me regalaba algún dibujo.

–¿Qué pasa hoy con los símbolos y las metáforas? ¿Se están perdiendo?

–El poeta que es profundo, que es continuado -no el que escribe de vez en cuando, sino el que tiene una vocación, que escribe metódicamente-, vuelve un poco a esa esfera. Primero, porque la poesía no es una actividad puramente racional. Para mí la poesía es emocional fundamentalmente, intuitiva, imaginaria, onírica. Ahora, como el poeta también va mirando racionalmente lo que escribe, el poema tiene luz y sombra; la parte racional y la parte irracional.

–¿Cómo ves hoy el panorama de la poesía contemporánea en la Argentina y en el mundo?

–Yo no veo un momento muy brillante de la poesía, ni tampoco de la cultura. Eso lo dice todo el mundo o muchas personas que son observadores inteligentes; dicen que hay una crisis muy grande y evidentemente es una crisis cultural, educativa, de toda índole. Creo que es la más grande que ha vivido la humanidad y la poesía no escapa a eso. Hay algunos que continúan el clima que viven, es decir, también se vuelven caóticos, fragmentaristas, reniegan del sentido y de la búsqueda de sentido que ha caracterizado siempre a la poesía. Otros se vuelven críticos de la época. Para mí, lo rescatable de la poesía actual es la parte espiritual, cuando el poeta se vuelve sobre sí y en vez de estar siempre criticando y quejándose, hace algún trabajo personal, interno y lo expresa. Me parece que va por ahí.

Fuente: Sophia
http://www.sophiaonline.com.ar/entrevistas/graciela-maturo-la-verdad-sigue-existiendo-mas-alla-de-que-la-conozcamos-o-no/

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