Francisco: el pastor humanista

El Papa Francisco está volviendo la Iglesia hacia los lugares que el mundo no quiere ver, incluso los que están dentro del Vaticano. Combate la cultura del descarte, critica las injusticias que genera el capitalismo y señala a los principales responsables, habla de descolonización en los países periféricos, combate la corrupción del Vaticano y la pedofilia sacerdotal, intervino por la Paz en Siria, reconoció el Estado Palestino, denunció el narcotráfico y la violencia visitando México, interpelaó a la Unión Europea para que se responsabilice por la crisis migratoria, abogó por el diálogo entre Estados Unidos y Cuba, por la Paz en Colombia, arriesgó su vida yendo a zonas de guerra en África, y siguen los ejemplos de un Papado como pocos se han visto en la historia. Todo esto tiene un costo político, un costo alto porque interponerse en los intereses de los más poderosos no es tarea fácil.

Nos duele que algunos, que se dicen creyentes, no comprendan la profunda necesidad de renovación que necesita la Iglesia frente a los desafíos actuales en el mundo. Los primeros pasos fueron dados por el Papa San Juan XXIII cuando dijo: “Quiero abrir ampliamente las ventanas de la Iglesia, con la finalidad de que podamos ver lo que pasa al exterior, y que el mundo pueda ver lo que pasa al interior de la Iglesia”. Y así fue como abrió el Concilio Ecuménico Vaticano II dando un nuevo impulso de renovada fe y esperanza a la Iglesia Católica. Al que luego siguieron los encuentros del Episcopado Latinoamericano de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, con el principio de opción preferencial junto a los pobres.

Mientras nuestro hermano, el Papa Francisco, hace frente a los desafíos que vive la humanidad, debe soportar continuos ataques, injurias y mentiras que surgen de grupos opositores de obispos y cardenales, que violentan y cuestionan su acción pastoral. La promoción mediática que han logrado las declaraciones infundadas del Ex nuncio Vigano, muestra una campaña destituyente que genera honda preocupación a los cristianos en el mundo. Todos queremos que se esclarezcan y sancionen los casos casos aberrantes de pedofilia, por eso la pregunta que muchos nos hacemos es: ¿Por qué cargan la responsabilidad en el nuevo Papa, que está haciendo todo a su alcance para reconocer y combatir los abusos sexuales dentro y fuera de la iglesia, como nunca ocurrió antes?

No puedo callar frente a tanta injusticia y odio manifestado contra el Santo Padre desconociendo todo su accionar de Pastor cuidador de la casa común y al Pueblo de Dios. Pastor que no oculta las sombras de la historia, que pide perdón en nombre de la Iglesia, y busca reparación asumiendo el dolor profundo del daño hecho a los pueblos originarios durante la conquista europea, en la complicidad con las dictaduras latinoamericanas y los casos de abusos sexuales. Así es que, en un hecho inédito, creó la Comisión Pontificia para la Protección de Menores, removió numerosos sacerdotes de alta jerarquía, convocó un sínodo de jóvenes y para febrero de 2019 a los Presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo con el objetivo de erradicar los abusos sexuales. Su política la expresó con enorme claridad: “Las heridas nunca prescriben” y “nunca desaparecen”, asique debemos decir “nunca más a la cultura del abuso”.

El Reverendo Luther King y colega Nobel decía: “La tragedia principal no es la opresión y crueldad de los malos, sino el silencio de los buenos”. Francisco, el Papa latinoamericano, nos propone un proyecto: un diálogo interreligioso para el cuidado de la casa común y el respeto por la dignidad humana. Por eso la Laudato Sí es la primera encíclica papal dirigida a toda la humanidad, no sólo a los cristianos. No nos quedemos en silencio. Hagamos lo que nos pide: Recemos por él. Y si alguno no puede rezar pero está de acuerdo con este proyecto humanista, puede hacer lo que pidió en Bolivia frente a los movimientos populares: “con todo respeto, les pido que me piense bien y me mande buena onda”.

 

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