Fluyendo

El día había comenzado, al parecer, como tantos otros días. Pero esto podría ser una forma disimulada de desmerecer el gran valor de estar aún vivo, pensó. Escuchó el canto de los pájaros en la mañana. Vio el cielo, las nubes. Algunas grises, pero otras coloreadas por el sol mañanero. Ahora el pío del pájaro cambiaba de cadencia.

Se admiró de cuánto amaba estos sonidos matinales. Cómo estos pajaritos con sus músicas, habían sido durante tanto tiempo, sus compañeros en este mágico ritual de comenzar el día. Cómo es verdadeiramente admirable estar aún vivo, pensó. Escuchaba el sonido de las teclas dibujando palabras. El tic tac del reloj, rítmico.

Como una ráfaga, algunos acontecimientos del ayer. El cajueiro, con sus ramas hacia el sol, y sus frutos perfumados, dejando en el piso de piedras, una alfombra de hojas que el viento mece. Y más allá, ya del lado de la calle, el jardín de enfrente, con sus flores rojas y amarillas. Un vergel. Primaveras, o santa ritas, como las llamaba mamá. Mamina, María. Mar.

Resonaba en sus oídos el son de las palabras. El son de las teclas. El sonido de los pájaros. Cómo habías ido construyendo, como seguís construyendo, un lugar para vos en el mundo, en esto de transponer la vida a las hojas. Es como si las hojas fueran siendo la vida que baja, la vida que va cayendo por su propia naturaleza, dejando el árbol y volvendo a la tierra.

Registras algunos leves cambios en la rutina de todos los días. Estos cambios son ecos del gran cambio, ocurrido desde octubre de 2012. La ruptura de la programación negativista. Alguna cosa empezó a soltarse e tí. Fuiste dejando que se aflojara una especie de atomatismo que te aislaba del mundo, de la gente, de la vida.

A veces son cosas apenas perceptibles, otras, como una ráfaga que te ventilara por dentro, que te fuera diluyendo e integrando con todo a tu alrededor. Recordabas algunos momentos del año que está por terminar. Los días en Lagoa Seca; los espacios en una revista de Mendoza; la larga jornada al lado de tu amada, en esos infinitos cuidados que ella prodigara a su madre, tan querida, finalmente de vuelta al infinito en estos días de comienzo de diciembre.

Todo marcando tu propio regreso. El yo puedo, integrado en el movimento de la vida. Los rostros de las personas del medio popular, los vecinos de la Cidade Verde. Familia, amigos. Funcionarios de los hospitales. El velorio de la madre tan querida. Un nido de luz formándose alrededor. Los amigos y amigas del grupo formativo. Llamitas de luz iluminándote por dentro y por fuera.

Las redes sociales, pensó. Las redes. Es ésto lo que me sustenta. Es allí que estoy apoyado. La Terapia Comunitaria Integrativa. Redes. Esto es lo que me sustenta. Me sostiene y alimenta. Miró como por un segundo fugaz, toda su vida pasada. Pasara. Ahora ésto, ahora esta mañana con sus pájaros, el cielo, el día, la luz. Dejaría que el dia lo fuera llevando. Como un río, como el viento, como el tiempo.

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