Evocaciones

Te escribiría esta tarde. Contando de cosas que escuché hoy, de un viejo amigo de la facultad. No me gustaría nombrarlas pues hieren. Los pájaros cantan y los niños de la escuela también, con sus voces, anidan un lugar mejor para estar. Hay cosas que a uno le denle, y decirlas es mejor que callarlas. Pero nombrarlas nos ata a lo que no queremos a lo repudiable, a la crueldad, la abyección, lo inhumano. Y oigo los pájaros aleteando, y una pelota en el patio de la escuela. Un pío, como en San Bernardo, de Graciliano Ramos. Dejas las palabras venir, que vayan fluyendo. Recuerdas el encuentro con el viejo amigo. Tanto pasado, haber llegado hasta aquí. Todavía soñar, todavía creer. Seguir apostando en la persona humana, en el hacer colectivo. Esto te llevas contigo. Y una inocencia, una pureza en ese amigo de tantos años. Haber superado tantos dolores, ser capaces como seres humanos, de transformar dolores en flores. Este es el milagro.

La sabiduría nacida de las adversidades. Ahora caminaba por el patio de la casa de mi adre. Un tiempo en Mendoza son muchas evocaciones. Transformaciones, renacimiento, redención. Veía las pasionarias. Las rosas que mamá amaba. El jacarandá. El granado. Todo ese mundo vegetal que nos abriga y nos cobija, nos contiene. Los jazmines del cielo que Mamina y María evoca. La fe, la confianza. Todo fluye, como el agua. Recuerdas los paseos, y ese perfume tan hermoso de flores. La alquimia interior. Todo ser humano es llamado a eso. Los pájaros siguen canasto. Es un mundo inmemorial. Buscas lo que no muere, aquello que permanece para siempre. Las palabras van bajando como el agua de la acequia. Los árboles tejen un cielo verde arriba tuyo, y las nubes el sol. La luna de noche y las estrellas.

Cortázar, Borges, Fernando Pessoa, Bécquer. Cora Coralina. Gabriela Mistral. Quisieras dejar salir lo que te oprime el pecho. Un grito que te libertara. Pero te atarías a lo bajo, a lo que no debe persistir. Los pájaros cantan rítmicamente, como llamando. Un arrullo. La vida viene en olas, como dice la canción. Los chicos en la escuela. Dejas que el escribir se vaya llevado el relato que querrías no haber oído, la vejación que quisieras nunca hubiera ocurrido. La visión de tu viejo amigo se sobrepone. La fe, la decencia, el oír con atención, aprender con el otro, la continuidad de una esperanza que nos sigue animando, desde lugares tan distantes en el mapa. Contiguos en la realidad. El lugar de los sueños, de las utopías, la reverencia a ese milagro que se llama vida. Recuerdas la caminata por el parque a la vuelta. Las enfermeras. Psicología social.

La violencia doméstica. Violencia, violación. El río de las palabras se las va llevando lejos, va diluyendo lo que no es, lo que no es amor, lo que no es humano, el lado inhumano de la humanidad. Las charlas de tu padre devolviéndote visiones de tu esencia. El río viniendo desde la fuente, desde el final Fluye y fluye el agua, fluye as palabras, y tú mismo refluyes también a lo original, al comienzo. Oyes aún los pájaros cantando, su pío en la tarde. Esta mañana en la facultad, tantas evocaciones, tú mismo viéndote en años pasados, antiguas compañeras, antiguos pasos, otros de hoy. Se va la tarde.

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