Eternamente

“No tengan miedo de la ternura,” dijo el Papa Francisco en uno de sus primeros pronunciamientos.

Si yo me abro al amor, si me hago accesible al infinito que puedo vivenciar aquí y ahora, algo en mí se integra a la eternidad. La belleza, el arte, me unifican con aquello que no muere. Puedo bajar la guardia. Puedo vivir sin miedo.

Confiar. Volver a confiar, sin reservas. Entonces fluyo con la vida. Esto es pasajero, fugaz, y al mismo tiempo eterno, infinito.

Como ya he vivido muchos años, y sin embargo mi niño interior está aquí muy cerquita, puedo darme cuenta de que hay un solo tiempo, y un solo lugar. Esto que está aquí.

El ser que soy, que hago a todo instante, en intentos sucesivos por habitar esa dimensión eterna que me constituye y constituye todo lo que existe.

Por supuesto que nada de esto sería posible sin comunión, sin comunidad. La comunidad es la propia esencia de la vida.

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