“Están excomulgados”

papa

Entre los agrestes y meridionales paisajes de la península itálica, una voz y una palabra retumbó en el aire y en el corazón de las gentes: “Están excomulgados”.

Esa voz y esa palabra provenían, nada menos, que del papa Francisco durante la visita que realizara a Calabria en las postrimerías del mes pasado.

Y se dirigían, directamente, a los mafiosos y a la mafia. Ciertamente enquistados en esas regiones pero también en tantas geografías de nuestro planeta.

Mafias económicas y financieras, mafias políticas y de tráfico de influencias, mafias de trata de personas y de narcotráfico, mafias para torturar y matar, mafias para la fabricación y tráfico de armamentos, mafias en la salud y en el tráfico de medicamentos, y hasta mafias eclesiásticas (Francisco dixit).

Es la primera vez, en siglos, que un Papa se planta valiente y proféticamente ante el crimen organizado, en cualquiera de sus versiones y derivaciones. Y, también, a quienes lo promueven y a quienes lo apoyan, aun con su silencio.

Algunas frases:

“Cuando la aceptación de Dios se sustituye por la adoración al dinero, se abre camino al pecado, a los intereses personales y al abuso. Cuando no se adora a Dios, las personas se convierten en adoradores del mal como lo son aquellos que viven de la deshonestidad y de la violencia”.

“¡L’Ndrangheta (mafia) es esto: adoración del mal y desprecio del bien común! Este mal debe ser combatido, debe ser alejado y ¡es necesario decirle que no! La Iglesia que sé que está tan comprometida con la educación de las conciencias, debe dedicarse cada vez más para que el bien pueda prevalecer. Nos lo piden nuestros chicos, nos lo piden nuestros jóvenes necesitados de esperanza. Para poder responder a estas exigencias la fe nos puede ayudar. ¡Aquellos que en su vida tienen este camino del mal, como lo son los mafiosos, no están en comunión con Dios: están excomulgados!”

En la mayoría de los países -por no decir, en todos- debido a que la expresión “mafia” a muchos les suena un tanto fuerte, se la ha sustituido por “asociación ilícita de personas con el fin de delinquir”. Es lo mismo, pero suena más refinado; sin embargo, los modos de actuar y los efectos son igualmente criminales y devastadores. Por eso, están excomulgados.

¿Qué es la excomunión?

Ex-comulgar significa separar al que convive con nosotros, que es de los nuestros, que comulga con nosotros. En nuestro caso, a los mafiosos que continúan pensándose y diciéndose católicos.

No pueden acceder en forma activa a los ritos sagrados ni recibir los sacramentos. Y en sus conciencias -si ya no están totalmente endurecidas- son sabedores de que ya no pertenecen a la comunidad católica. Claro está, mientras persistan en sus actitudes y no demuestren arrepentimiento “reparando” -hasta donde sea posible o equivalentemente- el mal provocado a tantos.

Francisco está mirando hacia adentro de los suyos -de la Iglesia Católica- y tiene el derecho de poner límites, es su deber poner límites, se arriesga a poner límites.

Justamente las sociedades que ponen límites son las que saben quiénes son, qué quieren y con quiénes lo quieren alcanzar. Aquellas que todo lo disimulan, todo lo perdonan sin arrepentimiento de los agresores, están condenadas a diluirse en las medianías.

Si la falta de respeto a las normas se banaliza, si la agresión se disimula o minimiza, si “todo vale”, en definitiva nada vale; y quienes pierden son los más débiles e indefensos.

Se necesita convicción y valentía para tomar iniciativas en este terreno, cuando enfrente están los poderosos y sus redes secretas.

Si vemos que hay acciones incorrectas en nuestra sociedad, si el bien común nos dice que hay sectores que prevalecen por su usufructo del poder, dejarlos actuar es cobardía.

Si para enfrentar la corrupción hacemos el cálculo de los votos o prestigio que perdemos, tenemos que apartarnos del camino de las decisiones.

Que gobiernen -en todas las instituciones- los que sean capaces de arriesgarse a perder, personalmente, por defender a los pobres, los indefensos, los humildes, los sin voz. No aquellos que se mantienen a flote, como el corcho, pues no atacan el mal social donde realmente se encuentra.

¿Qué efecto y alcance social tendrá esta excomunión?

Hace siglos, cuando un Papa lanzaba el anatema de la excomunión era algo realmente muy grave: la persona en cuestión perdía todas las relaciones sociales y todo lo que era necesario para el ejercicio de su función social.

Hoy en día, la excomunión está lejos de producir los efectos que produjo antaño. Obviamente, el efecto de las palabras de Francisco, al tratar de criminales a los miembros de las pandillas de la mafia, es diferente: es poco probable que las conciencias de los criminales se vean afectadas.

Pero el peso simbólico de la excomunión afecta a la narración pseudo-religiosa que la propia mafia promueve, y ayudará a cortar la relación que sus jefes han tenido con las iglesias locales.

Los pastores y obispos se ponen delante de su responsabilidad, y se hará cada vez más difícil para el crimen organizado crear un consenso social en torno a sí mismo.

En el caso concreto de la Argentina, todos conocemos la influencia -muy menguada en los últimos tiempos- que la Iglesia institucional ejerce sobre el entramado social.

Sería muy bueno escuchar de nuestros obispos y sacerdotes palabras valientes y proféticas como las que pronunciara Francisco y tomar las decisiones que correspondieren frente a los mafiosos.

Ya no basta con denunciar la corrupción y el crimen. Algo debe hacerse con aquellos que se titulan católicos y continúan atentando contra la vida y los derechos de las personas.

Baste imaginar, por ejemplo, cuál hubiese sido el curso de la historia si, en los tiempos de la última dictadura militar, el Episcopado argentino hubiese sancionado con la excomunión a todos los que torturaron, encarcelaron injustamente y criminalmente hicieron desaparecer a tantos argentinos.

Hoy, por lo menos, deberían abrirse todos los archivos eclesiásticos de aquella época a fin de conocer el destino de tanta gente y debería apartarse de los sacramentos y, en casos de la función eclesiástica, a quienes colaboraron con el genocidio.

Agrega Francisco: “Hoy, como obispo de Roma, estoy aquí para confirmarlos no sólo en la fe, sino también en la caridad, para acompañarlos y animarlos en su camino con Jesús Caridad. Quiero expresar mi apoyo al obispo, a los presbíteros y a los diáconos de esta Iglesia, y también de la Eparquía de Lungro, rica en su tradición greco-bizantina.

“¡Pero lo extiendo a todos! ¡A todos los pastores y fieles de la Iglesia en Calabria, comprometida valientemente en la evangelización y en el favorecer estilos de vida e iniciativas que pongan al centro las necesidades de los pobres y de los últimos. Y lo extiendo también a las autoridades civiles que buscan vivir el compromiso político y administrativo por lo que es: un servicio al bien común”.

El gran interrogante

¿Estaremos los católicos -con los obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas al frente- dispuestos a tener la misma valentía profética de Francisco para enfrentar a todos los tipos de mafias y de mafiosos que están destruyendo a la Argentina?

¿Estaremos dispuestos a hacer un prolijo examen a quienes se acercan a recibir los sacramentos a fin de constatar su fe religiosa y su no participación en los crímenes de los mafiosos?

¿Estaremos dispuestos a aplicar la pena máxima de la excomunión a los mafiosos, y también a quienes los promueven y a quienes los apoyan, aun con su silencio?

El autor es sacerdote católico, miembro de Curas en Opción por los Pobres

Vicente Sebastián Reale es sacerdote católico adscripto a la diócesis de Mendoza-Argentina. Fue ordenado en mayo de 1962 y ha tenido distintas labores pastorales en la diócesis, como: párroco, miembro de varios equipos de pastoral, actuación en varios Medios de Comunicación. En los años '70 perteneció al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo de Argentina. En la actualidad, forma parte de los Curas en Opción por los Pobres, que es continuación del MSTM. Referido a la Opción por los pobres, ha intervenido personalmente -junto a sus comunidades- en la erradicación de varias Villas Inestables (favelas) ubicadas en distintas parroquias. En la actualidad, atiende a los pobladores de un barrio muy humilde ubicado en los alrededores del aeropuerto de Mendoza.

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