Esperanzar

Va llegando a su fin la semana y el día. No la esperanza. No los sueños.

Y desde este mínimo lugar que soy y que tengo, desde este minúsculo espacio de mi existencia entretejida con la de tantas personas que amo y me acompañan, vengo una vez más a seguir construyendo. Poniendo un granito de arena.

Un ladrillito más en una construcción colectiva que va más allá de ideologías y doctrinas. Una incesante, ardua tarea de seguir insistiendo en hacer un mundo mejor. Tal vez no tenga nada nuevo que decir. Tal vez sea una vez más y siempre, seguir porfiando en esto del vivir.

Tratar de darle sentido al estar vivo. Haber recorrido una trayectoria larga y fecunda. Ver que de las heridas brotan flores. Saber que sigue valiendo la pena aprender. Prestar atención a cada persona que encuentro. Todos tienen algo que decir.

Cada persona es en sí misma un misterio y una promesa. Una posibilidad. No deja de sorprenderme, y mucho, la constante novedad de todo. Sigo abierto a la existencia, como cuando era niño. Sigo admirándome de ver los álamos en otoño. Toda esa belleza. Las montañas y el río que baja entre las piedras.

Todas las memorias como que formando un camino por donde vengo y estoy. Vuelvo a Mendoza sin nunca haberme ido. Lula sigue preso pero no los sueños. No la esperanza. Todavía vamos a hacer, a muchas manos, un mundo decente y justo.

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