Esperanza Francisco

fotoLa gira de Francisco por países de Nuestra América renueva la esperanza en la construcción colectiva de una sociedad más justa y amorosa.

Estos días de acompañar la gira del Papa Francisco por Ecuador, Bolivia y Paraguay, me han dejado algunas impresiones, que me gustaría compartir. Alegría, en primer lugar.

Ver alguien que denuncia las injusticias de un sistema económico y social centrado en el dinero y en el lucro, y lo hace con claridad, fundamentando sus opiniones, y también desde un sentimiento.

No creo que sus palabras puedan haber dejado de tocar a cada persona que las haya escuchado o leído. Es un hecho significativo, que una personalidad mundial, un estadista, diga realmente lo que piensa, y no lo que podría ser útil o conveniente que dijera.

La verdad es una fuerza poderosa. Además de alegría, sentí y siento una esperanza renovada. La esperanza de que los pequeños esfuerzos que muchos y muchas hacemos, por todas partes de esta América Latina, son parte de una construcción colectiva, que va presentificando un mundo más amoroso y justo.

El papa valorizó todo este vasto ejército de hormigas que muchas veces es ignorado, otras despreciado: los movimientos populares. Los movimientos sociales. La gente que va generando espacios de libertad y justicia en las periferias de la sociedad.

Allí donde hay gente reconstruyéndose, recuperando su identidad y su sentido de vivir, allí se está construyendo la esperanza. Allí se está reforzando el valor de la vida, el sentido de la vida.

Tengo la impresión de que los discursos y las misas del Papa, estuvieron dirigidos a una comunidad que incluye a los cristianos y cristianas, pero va mucho más allá. Se dirige a la humanidad entera.

Esto es muy bueno. Es muy positivo, que haya un estadista que mira a la humanidad entera, y no apenas a su bloque de poder. Esto lo señaló un cientista político de la USP, José Augusto Guilhon Albuquerque, en una entrevista a la TV Globo (Globo News).

Creo que este hecho inusual, habla más que cualquier cosa. El Papa Francisco nos mira a todos y a todas, no para convertirnos a una creencia o ideología, sino por un sentimiento.

Nos mira a todos y a todas porque tiene un sentimiento de unidad, tiene una visión unitaria, de cojunto. Cree, y sus palabras y actos lo confirman, que es posible que nos recreemos como humanidad.

Es posible que nos desviemos de la mercantilización materialista y de la indiferencia, del descarte de las personas que el sistema juzga sin valor, despreciables.

Podemos vernos mejor, después de oír las palabras de Francisco. Podemos vernos con más esperanza. Podemos saber que es posible que recuperemos una perspectiva de vida incluyente, a nivel mundial, y también al nivel de las relaciones personales y familiares. Es posible.