Escribir, vivir

Me pasaría la vida escribiendo, pensó. Me quedaría frente a la máquina de escribir, agarraría un cuaderno, y escribiría, escribiría, o, mejor dicho, dejaría que la vida me fuera escribiendo. Me acuerdo de cuando empecé a escribir, en 2001. Empecé a traerme de vuelta. Y en este venir a mí mismo de nuevo, en este traerme de nuevo para el ser que soy, en este volver a ser, fuí encontrando mi lugar en el mundo. Fuí encontrando el sentido de mi vida. Sigo buscándolo, sigo encontrándolo.

Nunca soy más yo que cuando escribo. Y cuando escribo, estoy leyendo lo que otras personas antes que yo, y ahora,  están escribiendo, sus propias vidas. Todas las vidas se van tejiendo y destejiendo, en  esa continua fabricación que es la vida. Han pasado ya tantos años desde que estoy vivo, pero aún así, el vivir es siempre fascinante, es siempre una sorpresa, es siempre otra cosa. Es algo desconocido, y al mismo tempo parcialmente conocido. Es un nacer de sí mismo que se viene perpetuando desde tiempos inmemoriales.