Escribir es una forma de no hacer nada

fotoEscribir es muchas cosas, que he ido descubriendo y sigo descubriendo a lo largo del tiempo. Entre otras cosas, es una forma de no hacer nada, lo cual es un extraordinario alivio para esa presión constante para que uno esté permanentemente haciendo algo. Haciendo cosas importantes, sobre todo. Importantísimas, de preferencia.

Creo que son los avatares de una civilización hecha a la producción. Pero no quiero desviarme del foco. Lo que quiero centralizar ahora, es cómo me alivia bárbaramente este ejercicio del no hacer nada, escribiendo. Escribir como una manera de evadirme de la exigencia interna de resultados y desempeño. Tenés que ir a no sé dónde. Tenés que hablarle a Fulano. Tenés que escribirle a Zutano.

Tenés que ir al mercadito a comprar tortitas. Y no es que haya nada de malo en hacer estas u otras cosas, o en hacer cosas, en general. Inclusive porque este no hacer nada que es o puede ser el escribir, también es, de algún modo, una forma de hacer cosas, y de las más importantes. Cosas importantes. ¿Pero no es que queríamos escapar de ésto? Escapar e ir al encuentro. Escapar es ir al encuentro.

Esto es lo nuevo, y lo viejo, de hace añares. Tal vez una de las más importantes cosas que hago al escribir, es ir haciéndome un lugar en el mundo. Ir haciendo mío el mundo en que vivo. Ir deshaciendo la extrañeza, esa sensación de ser un sapo de otro pozo, una especie de bicho raro, que muchas veces me asalta. La vida es esa incerteza, esa mutabilidad contínua, eso que se nos escapa cuando lo intentamos agarrar.

Y sin embargo, en los sucesivos intentos, algo nuestro se va diluyendo con el todo, se va incorporando y reconociendo como parte de esto que está aquí. Esto que está aquí y seguirá estando aquí para siempre y por siempre. Escribiendo también me voy librando de los pensamientos y visiones de mundo extraños, que se habían infiltrado en mi interior, y que tuve y aún en parte sigo teniendo como si fueran míos. No lo son.

Al escribir, va viniendo el yo verdadero. Voy viniendo yo, verdaderamente. Y esto funciona como un espejo también para quienes me leen, muchas veces. Se ven reflejados y reflejadas en estas anotaciones, del mismo modo como yo me veo reflejado en los libros que leo. También cuando escribo, me voy sumergiendo en una especie de sensación de eternidad, como cuando uno mira una maceta en un jardín, con una planta, y siente de pronto que aquello pertenece a un tiempo que no pasa.

Como si la maceta y la planta y el jardín y uno mirando todo eso, fuera algo fijo en el tiempo. Algo eterno. Escribir es muchas cosas. Es ganar la compañía de una vasta humanidad que se desparrama por toda la extensión del globo, y que, como uno en este rinconcito de Mendoza o de João Pessoa o de Paraná o de Cuiabá o de donde pueda estar, se va juntando y se va uniendo también a esa totalidad en movimiento. Escribir es estas y muchas otras cosas. Es como leer y vivir: inagotable. Siempre nuevo y siempre el mismo, pero no igual.

Share

Comentários

comentários