Escribir

escribirEscribir lo ponía en contacto consigo mismo, más que cualquier otra cosa. Al ver las palabras irse alineando en el renglón, empezaba a organizarse internamente. Escribir no necesariamente me obliga a publicar libros, pensaba. Es, antes que todo, un acto íntimo.

Y por este ejercicio, el mundo interno y el externo comienzan a alinearse, a organizarse de manera armónica. El silencio y la palabra, lo que se dice y lo que se calla. Lo dicho y lo aludido. El mundo de la escritura, de la palabra, es vasto y rico. Somos construcciones linguísticas, haces de significados.

De a poco, uno se va adentrando en ese mundo en el que las fronteras entre lo interno y lo externo de van diluyendo. Siempre admiré a los escritores y escritoras que tienden la mano al lector. Aquellos que no se limitan a escribir y publicar sus libros, sino que vienen hacia acá, vienen hacia quien lee, para incluirlo en la narrativa, para decirle: vos también podés, vos también escribís, todos somos o podemos ser escritores.

Creo que esto es lo que me ha venido llamando la atención hacia ese mundo que se crea al leer y al escribir. Es un mundo que seduce porque uno lo va haciendo con sus manos, allí uno es más real que en la llamada realidad objetiva, que de objetiva no tiene nada o tiene muy poco.