Escribiendo

ajedrezHay veces en que escribirías algo, no por tener alguna cosa en especial para compartir, sino por el mero placer de ver las letras bajando al renglón. Sientes una tranquilidad  muy grande cuando esto ocurre. Es un quehacer talvez sin sentido para otros, pero no para tí mismo. Escribir por escribir, ¿no sería una locura, o una tontería? ¿Por qué todas las cosas tendrían que tener algún sentido práctico? ¿Y acaso no es algo con sentido el jugar? ¿No tiene sentido divertirse? Tiene, y mucho.

Cuando uno es chico, no se pregunta por el sentido. Juega, y el tiempo pasa sin que uno se de cuenta. Después, de grandes, nos creemos que tenemos que hacer siempre cosas serias, importantes. No hay nada de malo en que también hagamos cosas importantes. ¿Pero hay algo más importante que ser feliz? Cuando escribo como ahora, sin un propósito definido, algo en mí se suelta, se afloja. Me acuerdo entonces de la caminata por el veredón al lado del mar. Me acuerdo de mis hijos e hijas, sus rostros, lo que cada uno y cada una es para mí. Me acuerdo de mi madre, lo que ella es, fue y seguirá siendo siempre para mí.

Hoy y ayer, estos días, he estado sintiendo fuertemente la presencia de Dios. Alguien podrá decir: esas cosas no se dicen en público, hay que esconderlas, qué van a decir. La experiencia me ha enseñado que los tesoros compartidos se multiplican. Es un estado de bienestar que no elimina mis dificultades humanas, mundanas. Mis problemas de convivencia y de aceptación de los demás y de mí mismo. Pero es un amor infinito que abarca todo y envuelve todo. Sólo puedo agradecer, y agradezco. Jugaba a dejar que las letras fueran bajando al renglón, y apareció algo para compartir, algo no programado. Por eso sigo escribiendo, sigo creyendo, creando.