Eran tantos

Eran tantos, tantas memorias, los veías a todos juntos pasar, o de a uno, como en malón.

Te despedirías, pero sin tristeza, y sí con agradecimiento. Había sido bueno ser todos ellos, no siempre, pero siempre aprendiendo en ese giro interminable que llegaba a su fin.

Los veías a todos, en fila o girando, dando vueltas por el universo, formando caminos, corrientes, ríos de vida. Eran los días de tu vida, los que ya has sido, los que eres, los que serás o serías.

Hoy una extraña alegría, tan tuya, tan familiar, al ver la película otra vez, como si fuera la primera vez, o mejor aún, como si nunca antes la hubieras visto, con esa alegría tan tuya.

Quisieras ahora, a la noche, traer al papel lo que eso fuera, la clave de esa alegría que hoy volviera. Y no sabes cómo evocarla, no te preocupas, eres tú mismo, ella está en ti, nunca se fue, nunca se iría.

Hoy todos los caminos de tu vida convergían en ti, eran tú mismo, eras tú el centro de esa rueda infinita girando y girando, dando vueltas sin parar. Tú, el universo. Pensabas en escribir el libro de tu vida, ya escrito tantas veces.