El viaje

Vuelvo incesantemente a mi cárcel de nubes, al regazo de sombras donde mi frente duerme, donde beben mis pulsos, donde mis dedos juegan con un dado de luto.

Es una lenta cripta con algas de silencio donde nacen las densas violetas de la noche. Yo estoy sobre su ara, desnuda sobre piedras, despojada del aro brillante de los días que desde el fondo de los siglos rueda.

Estoy sola y la arada materia de mis huesos se disgrega y se parte; de mis manos desprendo esta amorosa tierra que pesa y permanece, me sumerjo en la gruta sombría de mis aguas o me dejo nacer en la palabra.

A veces la ternura dulcifica los aires, a veces es la semilla del prodigio creciendo en los espejos infinitos del tiempo.

Me lanzo a la aventura, buceo el hondo mar que llevo dentro.

Vuelvo de un largo día hacia mí misma, hacia mi pura noche sin llama y sin estrella.

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